Futuro
Un campo ‘conectado’
El sector defiende su «capacidad» de adaptación a la demanda de la industria, aunque reclama que se asegure en todos los eslabones la «rentabilidad» / Hay importantes nichos de mercado y «margen», según la administración, en producción y transformación

Campos de cultivo de trigo fuerza como alternativa a los monocultivos de remolacha y maíz.-ICAL
Existe o no una verdadera conexión entre los productores, la industria y la distribución? La respuesta, y los matices, seguramente sean bien distintos, según preguntemos a unos u otros. Desde la administración, el mensaje que se impone sigue siendo la necesidad de que la cadena se coordine para «ajustar la oferta a la demanda». Es decir, producir aquello que se vende.
Algo que es obvio para el agricultor, que no siempre dice encontrar el escenario adecuado que asegure la rentabilidad suficiente para emprender una nueva ruta agrícola.
Castilla y León tiene «un gran potencial» en muchas producciones y una situación «estratégica» que facilita la logística y el transporte de sus productos agrarios. Así lo destaca Isabel del Amo, Secretaria General de la Asociación de Empresarios de Supermercados de Castilla y León, Asucyl, que subraya la existencia de un sector industrial alimentario de «los más importantes, innovadores y activos de España».
Nadie duda de la potencialidad del sector agroalimentario, aunque desde el campo se insiste en que «se puede avanzar y producir aquello que permite nuestro territorio y clima». Esto es lo que piensa, al menos, el presidente de ASAJA en Castilla y León, Donaciano Dujo, que asegura que la agricultura y la ganadería han avanzado «más» en los últimos años que la industria y la distribución. «No están a la altura», denuncia.
Desde esta organización se antepone ante todo la rentabilidad, que, en su opinión, «no siempre está garantizada». «Cuando una cosa se paga, se produce, y además, se hace bien». Por eso, se hace imprescindible, dicen, asegurar en todos los eslabones una garantía de sostenibilidad y de precio, que también defienden desde la administración.
Una opinión que comparten desde la Alianza UPA-COAG. Su coordinador regional, Aurelio González, insiste en que los productos del campo «no siempre tienen el valor que deberían», lo que constituye uno de los principales handicaps.
Este responsable tiene claro que la capacidad del sector a adaptarse a nuevos cultivos es «enorme», aunque lamenta, al mismo tiempo, que esa demanda, por ejemplo, de las galleteras, «no se vea compensada económicamente».
González insiste, en este sentido, en la reivindicación de unos «precios justos» que logren ese «cambio cultural» que reclaman industria, administración y distribución.
La Comunidad es la principal cerealista del país, con un importante número de galleteras. Sin embargo, no existe la diversificación necesaria para atender la demanda actual. La mayor parte del trigo blando que se produce, más del 90%, se destina a pienso ya que el agricultor no alcanza la calidad demandada por el sector transformador harinero.
El sector empieza a «mentalizarse», resaltan desde Emilio Esteban, aunque la producción actual no se ajusta a las variedades «adecuadas», desde el punto de vista de la molienda. La coordinadora de Calidad e I+D+i de la harinera, Angélica Pérez, destaca la oportunidad, por ejemplo, en trigos de alta proteína como alternativa en regadío, aunque la respuesta sigue sin ser mayoritaria. Algo que, según el sector, tiene que ver con el hecho de que la alta calidad se vincule a un mayor coste para el agricultor.
Hay demanda de trigos blandos de fuerza, y de trigo duro por parte de la industria semolera. El precio de este último favorece una tendencia al alza, con 8.000 hectáreas esta campaña en la Comunidad, aunque todo apunta a que ajustarse a los parámetros de la industria exigirá un contrato que compense el esfuerzo en el campo. Y es que, «no siempre salen las cuentas», como subrayan desde la Alianza UPA-COAG.
OPORTUNIDAD
Productores, industria y distribución parecen tener claro donde están los nichos de mercado y las posibles alternativas. «El margen es importante», en palabras de la consejera de Agricultura, Milagros Marcos, que está segura de que hay «muchas posibilidades» tanto en la producción como en la transformación para exportar.
Marcos insiste en «no buscar culpables» a la existente ‘desconexión’, y aprovechar las oportunidades para «avanzar». Y se refiere, en este caso, a la transformación de productos lácteos, a las líneas de investigación abiertas por el Itacyl en nuevos cultivos, o al «margen» de crecimiento que supondría, por ejemplo, la puesta en marcha de la Interprofesional de la Patata.
Es necesario trabajar, según la titular de Agricultura, con una orientación puesta en los mercados, lo que exige, a su juicio, un «equilibrio» y sostenibilidad en toda la cadena de valor.
Si el objetivo es aumentar la producción para cubrir la demanda mundial de alimentos en el año 2050, será obligado pensar en la mesa «para saber lo que se debe cultivar». Esta mayor competitividad vendrá favorecida, a juicio de la Junta, por el apoyo a las infraestructuras de regadío, que suponen el futuro del campo.
La consejera recuerda, en esta materia, el trabajo realizado desde el Itacyl, con ensayos de cereales con alta proteína, pruebas en leguminosas para obtener nuevas variedades, con mejor producción, o proyectos en alimentación de porcino que se traducen en una mayor calidad en el mercado. Una capacidad de crecimiento que, dicen, está apoyada en diferentes líneas de ayudas por parte de la administración.
RENTABILIDAD
La tendencia de los consumidores ha variado en los últimos años, y eso exige adaptarse a las nuevas demandas.
Desde Asucyl aseguran que los tres pilares básicos para mejorar la rentabilidad y la eficiencia del sector agrícola en el futuro pasa por una mayor estructuración de la oferta en origen; una mayor estabilidad de los productores basada en contratos por escrito; y una mejora de la percepción de los atributos de los diferentes productos y variedades por parte de los consumidores.
Una línea de trabajo que exige, a su juicio, crear «verdaderas» cadenas de valor compartido que permitan al sector producir lo que se consume. Del Amo recalca que los distribuidores necesitan proveedores que les garanticen un suministro estable de producto, «en condiciones homogéneas, que responda a la demanda de los ciudadanos, y a un precio competitivo».
El consumidor busca los productos locales y pregunta por ellos en los lineales, aunque todavía el origen «sigue sin determinar la decisión de compra». Lo suele hacer en igualdad de precios, no así, según Del Amo, si la oferta exterior mejora la producción de proximidad. «Se compra todavía por la vista y por lo que cuesta».
La secretaria general de la Asociación de Empresarios de Supermercados de Castilla y León destaca, por otra parte, la tendencia marcada por el concepto ‘bio’ o saludable. «Se vuelve a lo natural», al igual que sube la demanda de productos ecológicos, con un incremento, según Asucyl, de casi un 25%, alcanzando los 32,27 euros por habitante y año en 2015.
Una oferta ecológica que incluye alimentos frescos- especialmente frutas y verduras-, pero también huevos y carne.
HÁBITOS
Los hábitos cambian, como ha ocurrido en la demanda de un producto básico como el pan. Del Amo explica cómo el comprador empieza a rechazar la tradicional bagette, y se decide, cada vez más, por otras alternativas más diversificadas, con diferentes variedades, y «de más calidad». Una tendencia a la especialización que se ha constatado en los últimos dos años, al igual que se confirma también una apuesta por la espelta panificable, por sus valores nutricionales frente al trigo.
A pesar de la sobreproducción en Europa en los últimos años, el cultivo tiene potencialidad. Así lo creen desde Cecosa Semillas, empresa innovadora que ha apostado por este cereal antiguo y más rústico. De hecho este año, lo volverán a sembrar y apostarán por lo ecológico como elemento diferenciador.
Luis Fernando Oiz, director general, cree que la base del éxito de cualquier cultivo novedoso es lograr una producción estable, a través de acuerdos entre industria y productores. Y para ello, no dudan de que es necesario que la industria «comprometa un precio al agricultor». Por eso, en su caso defienden los productos con mayor valor añadido y, además, intentan que ello repercuta en el profesional del campo.
La realidad es que introducir un cultivo novedoso es un proceso lento. «La espelta ya existe y es conocida por el agricultor», recuerdan. No ocurre lo mismo con otras alternativas como el tritordeum, una combinación de trigo duro y una cebada silvestre, con un gluten más digestible, pero que no logra asentar su comercialización en España y en Castilla y León.
Sector productor, industria y distribución están condenados a entenderse y a trabajar unidos para avanzar.
La investigación e innovación es la base de este «cambio cultural» que busca la implicación de todos los agentes, por el futuro del campo.