Diario de Valladolid

BURGOS

El progresivo declive ganadero de La Bureba

Menos cabaña y explotaciones En 1995, la comarca superaba las 70.000 cabezas de ovino. Hoy en día apenas quedan 19.000 incluyendo las de Miranda de Ebro y Belorado /El presidente de Asaja Burgos constata que han desaparecido el 40% de las explotaciones en la última década

Explotación de ovino en La Bureba.-G.G.

Explotación de ovino en La Bureba.-G.G.

Publicado por
Diego Santamaría

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La cabaña ganadera de La Bureba lleva más de una década en la cuerda floja y los brotes verdes, salvo excepciones puntuales, brillan por su ausencia. El problema, extensible a las comarcas del Ebro y el entorno de Belorado, reside principalmente en el progresivo descenso del número de cabezas de ovino y de vacuno. Y no solo eso, ya que las vicisitudes están ligadas -aunque en diferente proporción- a la reducción del número de explotaciones en la zona debido a que algunas «se han dimensionado» hasta el punto de «desaparecer el 40% del censo» durante la última década, explica el presidente provincial de Asaja, Santiago Carretón.

En lo relativo al número de cabezas de ganado, los datos no son nada alentadores. Desde su constitución en 1995, la Agrupación de Defensa Sanitaria (ADS) Ovibureba ha constatado el progresivo decrecimiento de la actividad ganadera. Según apunta el gerente de las cooperativas Ovicarlan y Agrobureba, Jesús Lumbreras, cuando la ADS daba sus primeros pasos la cabaña ganadera de La Bureba rondaba las 70.000 cabezas de ovino. Nada que ver con la situación actual, en la que apenas quedan «19.000 contando también con las que hay en la zona de Miranda de Ebro y Belorado». Así las cosas, la comarca se enfrenta a una crisis sin precedentes que puede poner en jaque el futuro de la actividad ganadera en la zona.

En términos generales, la suma de ambos factores está provocando que muchos pueblos de entorno Bureba-Ebro comiencen a estar «prácticamente vacíos». ¿A qué se debe este fenómeno? Básicamente, a la falta de relevo generacional en un entorno eminentemente agrícola y ganadero que necesita «gente más animada» para impulsar nuevos proyectos y, sobre todo, crear empleo. Y es que tal como apunta Carretón, la concentración de las explotaciones en menos manos «afecta» a los profesionales de toda la vida, pues no se generan puestos de empleo suficientes porque «se trabaja de otra manera». Así pues, «los jóvenes se van a la ciudad o a núcleos de población más grandes».

«Se necesita un empujón muy fuerte», proclama Lumbreras, preocupado por el futuro a corto y largo plazo de un territorio cuyas explotaciones se vacían a causa de las jubilaciones que no encuentran sucesores. A ello se suma el estado de muchas «instalaciones precarias» que impiden retomar la actividad con garantías.

Siempre hay una excepción que confirma la regla. Se trata, en este caso, de Aesar, una granja de ovino con poco más de dos años de vida y un futuro en principio prometedor. Sus impulsores, Santiago Ladera y Rubén Rosa, sobrepasan ligeramente la treintena y constituyen un rara avis en la zona. Se especializaron en la raza israelí Assaf -cruce de Awassi y Milschschaf- al tratarse de una especie que por norma general garantiza grandes producciones de leche. Empezaron con poco más de 100 ejemplares y cada vez están más cerca de alcanzar su objetivo:llegar a las 400.

De continuar con esta tendencia, el presidente de Asaja Burgos advierte que el «despoblamiento total» no solo afectará a la provincia de Burgos. El problema, en su opinión, se expandirá por toda Castilla y León y el resto de España, que podría llegar a convertirse en un «país dependiente» con «deficiencias de carne y leche» entre otros productos básicos.

Con el fin de evitar una situación que pudiera darse «dentro de 15 o 20 años», Carretón apuesta por la búsqueda de «mecanismos» que permitan gestionar las ayudas «de otra manera». Dicho esto, reitera la postura de su sindicato y de las principales organizaciones profesionales agrarias (Opas) respecto a la Política Agraria Común: que las subvenciones se dirijan a las personas que realmente «viven y controlan» la actividad agroganadera.

Al mismo tiempo, en relación a los jóvenes que se buscan la vida fuera del medio rural, considera que «se les está discriminando», pues la falta de servicios se complementa con las pocas o nulas oportunidades para emprender desde cero o coger las riendas de aquellas explotaciones que echan el cierre por su inviabilidad o por jubilación.

La leche salva los muebles

Lo más sorprendente de este declive ganadero es, sin lugar a dudas, la resistencia del sector lácteo, que a priori está salvando mejor los muebles en comparación con la carne. Esto se debe a la presencia de industrias agroalimentarias -sobre todo- en la provincia que favorecen la comercialización de la leche. Además, el prestigio de dichas compañías juega en favor de los productores, que aún así se mantienen a duras penas si nos atenemos al hundimiento de los precios.

Comercialización

Los «años catastróficos» de la última década no arrojan luz al final del túnel. Tal como sostiene Lumbreras, a los «bajos precios de la carne y de la leche» se suma el hecho de que «llevamos 1 años sin cobertura» por parte de los «organismos públicos». Dicho esto, en sintonía con la postura que han defendido las organizaciones profesionales agrarias (Opas) en multitud de ocasiones, lamenta la incapacidad del sector de competir con «carnes de peor calidad» procedentes de otros países en los que «no se realizan controles sanitarios». Claro ejemplo el de los corderos, muchos de los cuales «se sacrifican en el matadero de Burgos y luego se les pone el sello».

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