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Javi, en la fachada del Bar Nenúfar en Laguna de Negrillos

Javi, en la fachada del Bar Nenúfar en Laguna de NegrillosE.m.

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Javier curró en la hostelería toda su vida. Es de Grajal de la Ribera. Isabel, su pareja brasileña, también ha trabajado en la cocina. Hoy ya son dos parameses más que forman parte de la vida de Laguna de Negrillos. Precisamente el haber trabajado en el oficio y en restaurantes señalados, como El Capricho o El Ermitaño, entre otros establecimientos de Asturias y León, les permite reorientar un bar de pueblo a un lugar donde podemos comer con dignidad. Hace cinco años decidieron tomar las riendas de histórico Nenúfar, una de esas casas bien situadas en la plaza, a pie de carretera y con más de medio siglo de andadura. Los padres de Angelines Carrera lo abrieron en los años 60. Aunque el bar Nenúfar ya no figure como restaurante, al menos el paisano, el visitante y el lugareño que quiere comer en Laguna puede hacerlo. Luis Javier mantiene sus menús del día a catorce euros con tres primeros, segundos y postres. Qué bien suena. Y además un buen repertorio de raciones, de las de toda la vida. Que tirando de otros platos de la carta sale a unos 35 euros, más o menos por comensal. No falta el cachopo, la asadurilla, el morro, la oreja o los filetes con patatas. En estos tiempos poder recurrir a un cocido, unas alubias con almejas, unos garbanzos con callos o a unas patatas con pulpo empieza a ser todo un milagro y un lujo en el medio rural. En Laguna de Negrillos, población importante del Páramo Leonés, hubo tiempos mejores y más mesas puestas a la hora de comer. Sus dueños se jubilaron y no hubo continuidad y, si la hubo, ya no entran en la cocina. Y así fueron apagándose los días de comidas, sobremesas con partidas y mesa puesta a diario y los domingos. Javier e Isabel logran esa sensación de placer y agradecimiento cuando no encuentras un sitio para comer y te dicen: “Por supuesto, siéntate que te pongo la mesa y no te vas sin comer”. Esa es la actitud. Y es que los laguneros están a punto de recibir a Don Suero en su casa, el castillo de los Quiñones que sumará a los miles de visitantes que ya vienen solos para ver a San Sebastián y a los danzantes en el Corpus.

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