Diario de Valladolid

SIERRA DE LA CULEBRA| VINOS DE LEYENDA

La niña del río Cabrón en tierra de lobos y vinos

Sus vinos han recibido un salvoconducto que les hace únicos

En primer plano, los protagonistas de la primera puesta en escena de los vinos de la Sierra de la Culebra junto Javier Faundez, alistano y presidente de la Diputación de Zamora.

En primer plano, los protagonistas de la primera puesta en escena de los vinos de la Sierra de la Culebra junto Javier Faundez, alistano y presidente de la Diputación de Zamora.Argi Comunicación.

Javier Pérez Andrés
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Va de vinos y de aullidos. Abro la nueva añada con brotes verdes. Me contaron un día una bonita leyenda y me la creí, porque ya es de lo poco que merece la pena en el mundo del vino después de tanta bazofia publicitaria y mentirosa en las etiquetas y en los inmasticables soportes digitales. Ahí va, literal: “Cuenta esa leyenda que en la Sierra de Aliste vivía una enorme culebra que tenía atemorizados a todos los pueblos del entorno, lo que impedía las labores cotidianas.

 En Figueruela, uno de los pueblos de esta sierra, a una niña llamada Mira se le ocurrió una artimaña para acabar con el problema: represar el río Cabrón donde la culebra saciaba su sed donde, al verse reflejada, luchó contra ella misma hasta su muerte. Los habitantes de la comarca celebraron el fin de la pesadilla con una gran fiesta. Se bebió el fragante y honesto vino que mana de esas cepas centenarias, las mismas con el que se hace el Llamoricas. Desde entonces, esa cima de la Sierra de la Culebra se llama Peña Mira”. De ahí nació la leyenda. Pero la culebra no murió del todo. 

Si miramos la panorámica de la sierra podemos ver su silueta en sus ondulantes montañas, el rastro que dejó en su agonía. Me lo contó hace muchos años el hijo de Claudino en Figueruela de Abajo. Y es que este pueblo pertenece al ámbito geográfico que acabamos de delimitar para una nueva zona de vinos de calidad justo en la frontera con Portugal, con La Raya y bajo el nombre de Sierra de la Culebra. Un territorio que engloba a las cultas y ricas comarcas zamoranas de Sanabria, Carballeda, Aliste, Tábara y Alba. O sea, Quijotes, capas pardas, romerías, carochos, beatos y bordados carbajalinos. Un impresionante arcano de enorme valor antropológico y natural. 

Unas pocas cepas se mantuvieron en el paisaje en este último medio siglo. Un puñado de paisanos siguieron cuidando sus cepas con sus castas de mencía, tempranillo, palomino (jerez), garnacha y alguna sorpresa ampelográfica pendiente de comprobar, además de las nuevas plantaciones en esos ricos suelos alistanos. En los 2000 cuajaron proyectos de bodegas y experiencias en vinos de calidad. Todos dieron la talla. Todos. Se trata de aplicar la enología y una práctica cultural en la viña adecuada. Y de esos barros vinieron los emergentes vinos del oeste zamorano, que reclaman su lugar en el mapa vitivinícola de Castilla y León. 

En Ferreruela de Tábara, la Bodegas Ramayal, con Antonio Ferrero y su sobrino Adrián; Bodega Cepas de la Culebra, en Riofrío de Aliste con Rubén Gago; Bodega Vinos de Aliste, en Serracín con Paco Santos, que se ha liado y ha montado un hotel rural; Teodora López, la heroína alistana de Fradellos de Aliste el pueblo de La Puente; la bodega de Javier Jesús, el hijo de mi recordado Claudino en Figueruela de Abajo; Benjamín, un valiente con La Mela en Sejas de Aliste; Los Castromendi en San Blas, que son parte de este sueño; y los Vinos Maquieira, a los que, seguro, se unirán más en este nuevo año. 

Todos ellos y sus vinos han recibido un salvoconducto que les hace únicos con una leyenda llena de ríos, lobos, bosques y aldeas. La Sierra de la Culebra y su zona de producción está dentro de la Reserva de la Biosfera denominada Meseta Ibérica y linda con Tras os Montes en Portugal. Y no lo dicen ellos y ellas, lo firma la Unesco. Además, es la tierra de lobos con mayor concentración de estos adorables cánidos salvajes que descubrió aquí mismo Félix Rodríguez de la Fuente. Ahí está su centro de interpretación en Robledo de Sanabria.

Si con todo esto -lobo, la niña Mira, la poderosa Unesco y un territorio que es un museo antropológico a la intemperie- no acertamos en lanzar estos vinos del oeste zamorano, sería para hacérnoslo mirar.

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