DESTINO
La joya de la corona

Un grupo de visitantes atiende las explicaciones de la guía en el interior de la iglesia de San Juan de Baños.-I. M.
Los milagros parece que existen. Y si no, la tradición se encarga de convertirlos en leyendas que se heredan y engrandecen de generación en generación. Y algunos son la base que nos han legado joyas únicas. Es el caso de la recoleta basílica de San Juan de Baños, en el valle del Cerrato palentino.
El rey visigodo Recesvinto recaló en la pequeña localidad palentina de Baños de Cerrato en el siglo Séptimo, atraído por la fama de una fuente de aguas medicinales cuyas bondades ya habían descubierto los romanos y con las que quería solucionar sus problemas de riñón. Venía de batallar en tierras del Ebro contra los vascones y un noble visigodo que se había sublevado contra su reinado.
Las aguas ejercieron el milagro y, en agradecimiento, el monarca, hijo de Chisdasvinto, ordenó construir una basílica junto al manantial en honor a San Juan Bautista, santo por antonomasia relacionado con el agua al ser quien bautizó a Cristo.
Corría el año 661 cuando se construye –a base de grandes sillares sin argamasa– un templo con tres cabeceras separadas entre sí, con testero plano y cubiertas con bóvedas de medio cañón. Tras ellas, un falso transepto, con tres naves –la central más ancha y más alta– separadas por arquerías, con cubiertas de madera y un pórtico.
El templo primigenio recibía la luz a través de unas pequeñas ventanas abocinadas y con celosías y exhibe arcos, tanto el de entrada como el triunfal, de herradura, sobrepasando la media circunferencia, lo que avala el hecho de que éstos no son un invento árabe, sino que los visigodos ya sabían cómo hacer este tipo de arquería, aunque el arco se presenta menos cerrado que el mozárabe.
Las columnas que sujetan estas arquerías siguen el canon corintio, con basa, fuste y el característico capitel con volutas y hojas de acanto. Los fustes no son originarios de la basílica, sino que son anteriores al siglo Séptimo: según sostienen varios expertos, proceden de un templo romano que se erigió cerca de Baños en el siglo Cuarto dedicado a Escupalio, el dios de la medicina de los romanos. Uno de los capiteles, originario también de la segunda mitad del siglo Cuarto, sirvió de modelo para ir creando el resto, aunque los detalles y el juego de volúmenes propios del arte clásico empieza a relajarse y el resultado es bastante más sencillo.
Los visigodos tallan a bisel, técnica que se percibe a la perfección en los frisos decorativos que recorren toda la cabecera principal y que se componen de unas flores de cuatro hojas que según se van uniendo van formando círculos. Este friso continúa por toda la nave central, tanto en el interior como en el exterior.
MOTIVOS VEGETALES
En la decoración de San Juan de Baños llama la atención la ausencia de otra figuración que no corresponda a motivos vegetales –lo que no ocurre en otros templos visigóticos como el de Quintanilla de las Viñas, en Burgos, o San Pedro de la Nave, enZamora–, salvo dos águilas y cruces patadas.
Sobre una de ellas se localiza una inscripción que corrobora que la basílica se funda en el año 661 por Recesvinto y la advocación a San Juan Bautista, lo que avala el tópico de que San Juan de Baños sea considerada la iglesia más antigua que se conserva en España. A su alrededor hay cuatro canecillos con elementos típicos visigodos, como un círculo de radios curvos en la parte inferior y, de frente, la concha venera, símbolo del Bautista.
Junto a esta inscripción, hay otro elemento destacado: la corona votiva que Recesvinto regala a la basílica como exvoto. Hecha de oro y decorada con piedras preciosas, la original está en el Museo Arqueológico Nacional.
El esplendor original del templo fue sucumbiendo con el paso de los años y la basílica que se conserva hoy es el resultado de otras intervenciones en siglos posteriores, que dotaron al conjunto de bóvedas de crucería propias del gótico en el siglo Catorce –modificando de manera notable el edificio primigenio, especialmente en la cabecera–, y cerraron las heridas que el abandono había provocado en su techumbre y paredes. De sus tres ábsides, sólo el central, cubierto con bóveda de cañón, es original.
Una primera y decisiva restauración en 1865 la salva de la ruina y la devuelve el suelo y el techo de madera y la añade una espadaña que no existía originalmente. En el siglo Veinte se acometen nuevas intervenciones en las se descubre una necrópolis con 51 tumbas de los siglos Séptimo y Octavo y se dota a la iglesia de su aspecto actual, con su original mezcla de tendencias, planta basilical de tres naves, columnas y capiteles romanos o su característico arco visigótico (el de la entrada a la iglesia sirvió de canon de este estilo artístico para el resto).
Una pequeña joya cuya pureza le apuntala como una obra cumbre del arte visigótico español. Y al lado, a escasos metros, se mantiene la fuente de los milagros.