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Envejecer con dependencia o con autonomía
Investigadores del Hospital Clínico Universitario de Valladolid analizan la relación entre la fragilidad, las enfermedades cardiovasculares y el riesgo de caídas para «proteger a los pacientes»

Noel Rivas junto a su equipo de la unidad que dirige en el HCUV
Dentro de las fases vitales de una persona hay tres etapas claramente diferenciadas entre sí. Estas son la niñez, la adultez y la vejez, sin embargo, existe una cuarta no tan conocida que actualmente está siendo objeto de multitud de estudios para tratar de alejar o facilitar la entrada en la vejez en mejores condiciones. Entendemos por ‘fragilidad’ como esa etapa que se da entre la adultez y la vejez antes de que aparezcan los síntomas evidentes de la edad y se dé un gran deterioro en el organismo. Este momento de la vida de las personas marca el proceso por el que el cuerpo pierde la capacidad de recuperarse de los pequeños desafíos del día a día y afecta de manera distinta a cada paciente.
«Es un concepto que la sociedad debe conocer porque detectar la fragilidad a tiempo marca la diferencia entre poder envejecer con dependencia o con autonomía y calidad de vida. Por ello, estamos ante una oportunidad de que el juicio clínico de los profesionales pueda apoyarse en nuevos modelos que permitan optimizar la atención que prestamos», explica Noel Rivas González, jefe de Unidad de Enfermería de Formación, Investigación y Calidad del Hospital Clínico Universitario de Valladolid (HCUV).
La fragilidad no se da de manera aislada, sino que afecta a multitud de otros aspectos relacionados con la salud de los individuos. Uno de los mayores retos se da en su relación con las enfermedades cardiovasculares, y con las caídas, ya que supone un reto «importante» para las intervenciones terapéuticas en pacientes vulnerables.
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Debido a esto, Rivas González, junto a un equipo de investigadores de la Universidad de Valladolid y el HCUV, ha trabajado en un estudio centrado en la relación entre la fragilidad y el riesgo de caídas en personas mayores hospitalizadas con afecciones cardíacas.
Este proyecto consiste en analizar esa conexión entre la fragilidad y el riesgo de caídas que pueden presentar los pacientes más mayores cuando ingresan en un hospital por una enfermedad cardiovascular, para así tratar de «identificar qué elementos relacionados con la funcionalidad de las personas y los aspectos sociales predisponen a los pacientes a sufrir una caída y, de este modo, poder anticiparnos para prevenirlas en lo posible. En definitiva, se trata de proteger a los pacientes que son especialmente vulnerables ofreciendo una atención más segura y personalizada».
La iniciativa «surge de la práctica clínica diaria». El investigador apunta que en el HCUV han implementado una Guía de Práctica Clínica para la prevención de las caídas en el centro, sin embargo, ven con frecuencia que los pacientes mayores que ingresan llegan en ocasiones con un estatus de fragilidad que no se puede detectar a simple vista. «Esta fragilidad aumenta el riesgo de sufrir complicaciones durante el tiempo de hospitalización y, entre ellas, se encuentra el sufrir una caída».
Dentro de esta tendencia, las enfermedades cardiovasculares son unas de las patologías con mayor incidencia entre los más mayores y requieren muchas veces de su hospitalización. Debido a esto, y a su experiencia en cardiología, vio la necesidad de tratar de «identificar la fragilidad en estos pacientes desde el primer día de ingreso, para así prevenir algunas de las complicaciones que se derivan de la hospitalización».
En concreto se focalizaron en la prevención de caídas, ya que los pacientes con cardiopatías son «un grupo especialmente vulnerable» puesto que suelen tener una edad avanzada, así como presentan múltiples patologías con diferentes tratamientos, fatiga y movilidad limitada debido a procedimientos terapéuticos invasivos.
Todos estos son factores que aumentan la probabilidad de sufrir una caída, algo que no supone un incidente menor para estas personas debido a que «puede aumentar el riesgo de sufrir una hemorragia, provocar lesiones graves y afectar a su recuperación general».
Este estudio forma parte un proyecto más amplio que se integra en la tesis del doctor en Investigación en Ciencias de la Salud por la Universidad de Valladolid y miembro del grupo de enfermeros investigadores GENFIN del Instituto de Investigación Biosanitaria de Valladolid (IBIOVALL). Con este gran proyecto pretenden abordar de forma multidimensional la fragilidad entre los adultos mayores que ingresan en un hospital por enfermedad cardiovascular.
Rivas González remarca que, para poder llegar a determinar la relación entre la fragilidad, el riesgo de caídas y las afecciones cardíacas, han desarrollado el proyecto en varias fases.
Por un lado, han realizado la identificación y evaluación de los pacientes mediante la recogida de datos clínicos, funcionales y sociales. Esto fue seguido por un análisis de la fragilidad y su relación con las caídas, así como la implementación de la información obtenida en la práctica clínica a través del diseño de propuestas para la mejora asistencial.
Actualmente, se encuentran en las últimas fases de esta investigación para la cual reclutaron entre marzo de 2022 y septiembre de 2024 a 144 pacientes mayores de 60 años que estuvieron ingresados en una unidad de cardiología. En el grupo de personas objeto del estudio no incluyeron a los pacientes con deterioro cognitivo, con una estancia hospitalaria inferior a 48 horas y que requerían reposo absoluto en cama.
Tras analizar los datos recabados vieron que el 33% de los pacientes estaban en esa etapa de fragilidad, el 97% presentaban riesgo de caídas, y el 37% de la muestra total se consideró con riesgo alto o muy alto. Adicionalmente, vieron que las mujeres con alto riesgo de caídas suelen encontrarse en la etapa de fragilidad en un mayor porcentaje que los hombres en la misma situación, además, observaron que los pacientes frágiles tienen que realizar estancias hospitalarias más prolongadas que aquellos sin fragilidad.
Con el paso de los años aumenta el porcentaje de población de edad avanzada, propiciando un aumento en el número de personas con enfermedad cardiovascular que presentan fragilidad y riesgo de caídas.
Por ello, estos resultados muestran que la planificación de cuidados enfermeros «es fundamental para detectar de forma temprana a las personas que presentan fragilidad y poder establecer cuidados vinculados con la movilización y la propia gestión hospitalaria».
De esta manera podrán identificar las características comunes para estandarizar las herramientas de evaluación, mejorar la precisión del pronóstico y reducir las estancias hospitalarias.
«Detectar la fragilidad supone menos caídas, menos complicaciones y mejora la recuperación funcional»
«Nuestro objetivo es que este trabajo no se quede en un artículo, sino que ayude a mejorar la práctica clínica, ya que detectar la fragilidad al ingreso en un hospital supone menos caídas, menos complicaciones y estancias hospitalarias más cortas. Además, contribuye a que se dé una mejor recuperación funcional, una mejor transición de los pacientes a su domicilio o a la continuidad de cuidados en su centro de salud, y permite identificar de forma precoz la sarcopenia o la desnutrición», remarca Noel Rivas González, jefe de Unidad de Enfermería de Formación, Investigación y Calidad del Hospital Clínico Universitario de Valladolid (HCUV).
«Pero sus ventajas no son solo físicas, sino que existe una implicación emocional. Se hace una valoración integral del paciente lo que repercute en que se sienta acompañado, protegido, y se le haga partícipe de su proceso de salud».
Así, Rivas González quiere «poner en valor la práctica basada en la evidencia. Las enfermeras y enfermeros lideramos proyectos que impactan directamente en la salud de las personas a las que cuidamos, aumentando la calidad y seguridad de los procesos y abordando al paciente de forma holística».
De cara al futuro quieren continuar con la evolución de este proyecto en dos líneas. Por un lado, van a «terminar de abordar la multifactorialidad de la fragilidad en estos pacientes. Ya estamos trabajando en la composición corporal y nutricional, así como la identificación de otros factores asociados a la fragilidad en los pacientes con enfermedad cardiovascular».
«También vamos a analizar cómo impacta la fragilidad a los pacientes un año después de que se dé el alta hospitalaria en casos en los que los precisan acudir de nuevo a un servicio de urgencias, o un nuevo ingreso hospitalario, y cuáles son las barreras para poder implementar estos resultados en una unidad de hospitalización».
Y, por otro lado, el doctor en Investigación en Ciencias de la Salud va a trabajar con su equipo para desarrollar herramientas predictivas a través de inteligencia artificial que «permitan identificar la fragilidad y establecer un valor pronóstico para poder desarrollar un plan de cuidados personalizado y adaptado a sus necesidades».