Borja, talento perdido

El ex blanquivioleta es líder destacado con el Lugo en Primera RFEF tras lograr dos ascensos seguidos con la UD Ourense / El Pucela de Ronaldo prescindió de él como técnico

Borja Fernández levanta el pulgar tras la victoria del Lugo frente al Racing de Ferrol.CD LUGO

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Valladolid

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Uno de los manidos dichos balompédicos indica que a un equipo o una persona ‘el fútbol le debe algo’. Esta afirmación suele realizarse en torno a quienes se quedan a las puertas de sus objetivos de forma reiterada. Y no es así. El fútbol no les debe nada. Lo que necesitan es analizar por qué no logran el éxito y solventar los errores que les separan de él.

Pero hay gente a la que el fútbol sí les debe algo. Son los que se ven atropellados por el mismo como sujetos pacientes, sin responsabilidad alguna en la colisión.

Es el caso de Borja Fernández. Tras lograr como jugador la salvación con el Real Valladolid en la temporada 18-19, la de su retirada tras siete temporadas en el club, una cadena de flagrantes errores policiales de investigación lo involucró en el caso Oikos. Absolutamente nada tenía que ver con esta presunta mafia de amaño de partidos. Tan mal se gestionó todo, que el caso fue archivado, pero cinco años después.

Mientras, Borja vivió desde ese 28 de mayo 2019 en que fue detenido con el corazón en un puño, hasta que se probó su inocencia, dando la vuelta al procedimiento judicial.

Su pena fue doble, pues el Real Valladolid de Ronaldo no lo defendió, pese a la buena relación entre ambos, tras coincidir en la plantilla del Real Madrid. Borja iba a entrenar al Promesas tras colgar las botas, pero el club le cerró la puerta. Se tuvo que conformar tiempo después con ser ayudante de Javi Baraja en el filial, en la temporada 20-21, cuando su inocencia era ya más que evidente.

La temporada siguiente (21-22) se hizo cargo del Juvenil A, al que depositó al final de temporada en un digno sexto puesto. En la 22-23 estaba preparado su salto al Promesas, esta vez como primer entrenador, pero el club jugó con él a las sillas musicales. Ronaldo decidió que su amigo y compatriota Júlio Baptista fuese el míster, tras pedírselo éste. Y como para el juvenil ya se había nombrado Juan Carlos Pereira, Borja se quedó en la calle.

Lo suyo con el banquillo podía considerarse como el típico hobby para matar el tiempo de muchos ex futbolistas que no quieren alejarse del verde. Pero no era el caso. Borja aprovechó para formarse más y en la temporada 24-25 tomó las riendas de una de las escuadras de su ciudad natal: la Unión Deportiva Ourense, heredera del histórico Club Deportivo Ourense, desaparecido por problemas económicos.

El equipo afrontaba su tercera temporada en Tercera RFEF, y con Borja logró un doble ascenso. En dos años subió a Segunda RFEF (como campeón de grupo) y a Primera RFEF (en la promoción, tras ser tercero). Borja había demostrado que el banquillo no era un pasatiempo.

Cuando los éxitos indicaban que en este año deportivo 26-27 seguiría intentando hacer historia con la UD Ourense, dio un paso al costado. Vio agotada su etapa y fichó por el Lugo, de Primera RFEF que, acabó en mitad de la tabla las tres últimas temporadas en esta categoría, tras baja de Segunda en la 22-23. De la mano de Borja, el conjunto rojiblanco es líder de grupo, con ocho partidos ganados, uno empatado y otro perdido. 25 puntos capturados de 30 en juego, a cinco del segundo, la UD Logroñés.

Borja repasa para este diario todos estos acontecimientos sin sacar pecho ni mostrar ánimo de pasar facturas, pero tampoco de esconder los hechos. «Lo de Oikos fue una doble decepción. En tres o cuatro años pase juntos los dos peores momentos de mi vida. Lo siento por el club, pero entonces no estuvo a la altura conmigo. Luego, de nuevo dentro, me tocó salir y ya sabemos lo que pasó, con mentiras que no eran necesarias», indica.

Pero el gallego demostró su valía en Orense. «Siempre quise ser entrenador. Desde mi época de jugador quería serlo. Tuvimos dos años excelentes en los que la plantilla creyó en mí. Hice lo que sentía y en lo que creía, y recogieron el mensaje».

Su marcha al Lugo tuvo una causa. «Hubo cambios en el club y necesitaba trabajar con otro grupo de jugadores. Fueron dos años muy intensos».

Sus nuevos pupilos también han entendido perfectamente su mensaje. «Tenemos mucha gente nueva pero desde pretemporada me di cuenta de que estaban haciendo las cosas muy bien y vi un trabajo muy positivo en cuanto a la idea de juego y la intensidad que quiero. Luego, el que entre la pelota es otra cosa».

«Del entrenador que más copio es de Mendilibar, por su intensidad y salir     siempre a ganar»

El ex mediocentro blanquivioleta tiene una receta para sacar lo mejor de cada plantilla, apoyado en su época como jugador. «Es fundamental el trato con el futbolista. Hay que ser sincero con él, no engañarle nunca, porque dejará de creer en ti y en lo que le planteas. Y no hay que tratar a todos por igual. Algunos quieren un contacto mínimo con el entrenador y otros son más cercanos. Tienes que respetarlo».

El gran espejo para Borja como técnico es un viejo conocido de la afición pucelana, aunque también aporta un dato peculiar. «Creo que soy una mezcla de muchos de los entrenadores que he tenido, pero lo que más me ha ayudado es ver los partidos repetidos. Del que más copio y me fijo es de Mendilibar. Me quedo con su intensidad y su voluntad ofensiva de salir siempre a ganar».

«Me gustaría entrenar al Real Valladolid,   pero en el futuro; ahora estoy al cien              por cien centrado en el Lugo»

La pregunta es obligada, y Borja se la espera: ¿Le gustaría entrenar al Real Valladolid? De nuevo manda la sinceridad. «Cualquiera que me conozca sabe que la respuesta obvia es que sí. Es el club que más me tocó de todos por los que pasé. Pero será cosa del futuro, porque por ahora ni me lo planteo. Estoy cien por cien centrado en el Lugo y en ver hasta dónde podemos llegar».

El Pucela que lo dejó salir no es el mismo que el actual. «Mi gente más cercana de Valladolid me ha hablado muy bien de los nuevos propietarios, tanto de su trabajo como de su faceta humana. Me alegro mucho por el club».

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El fútbol le está pagando a Borja lo que le debía, pero con aportación de fondo propios del míster, como son el trabajo y la capacidad.