Diario de Valladolid

Maroto se doctora

El canterano y vallisoletano responde a la confianza de Almada con un gol y un balón al larguero preludio de otro, todo en 19 minutos y en su tercer partido con los profesionales

El canterano Maroto celebra su primer gol con los profesionales.

El canterano Maroto celebra su primer gol con los profesionales.LALIGA

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Un gol del Real Valladolid siempre supone una inyección de alegría para su parroquia, pero si el autor es un canterano, joven y se estrena como goleador, la dosis de felicidad se multiplica. Este Pucela preñado de chavales con el sello de los Anexos en su camiseta puede hacer de la necesidad económica virtud deportiva y recuperar así una mirada hacia las categorías inferiores que parecía estrábica en las últimas temporadas, después de la ceguera total en décadas anteriores.

Mario Maroto salió, vio y venció, como un Julio César que pasó ante el Almería esa prueba de madurez inherente a todo canterano que quiera establecerse en el equipo profesional sin quedarse en la simple anécdota.

Este blanquivioleta y vallisoletano de nacimiento (28-11-03) se estrenó como goleador del conjunto profesional a sus 21 años y ayudó a dar la vuelta a un partido que se puso boca abajo. Lo hizo con la rapidez y la efectividad de un microondas.

Saltó al campo en el minuto 84 en sustitución de un Ponceau que pasó del gris marengo de la primera parte al gris perla de la segunda, pero sin abandonar ese color. Y Maroto aportó la paleta de colores. En 19 anotó el 3-1, dio un travesaño que fue preludio del 2-1, envió otro disparo fuera, ayudó a presionar arriba y ensuciar la salida de balón del Almería, dio bien dos de tres pases, realizó una intercepción, ganó uno de los dos duelos a tras de césped en que participó, más el único aéreo que disputó. Recibió una falta y cometió otra. Difícil hacer más (y mejor) en menos tiempo.

De esta forma Maroto se suma a la lista de canteranos que entra de verdad en los planes de Almada y no como mero relleno. El medio de ataque quiere seguir la senda que ya recorren Torres y Chuki, y en cuyo inicio le acompañan Aceves, Garri, Koke, Delgado y Arnu, todos vallisoletanos menos el último, palentino de nacimiento y pucelano de adopción. No hay más que ver cómo celebraron los chavales del banquillo el tanto de su compañero en las categorías inferiores.

Maroto llegó a los infantiles del Real Valladolid procedente del Villa de Simancas y desde entonces sólo ha vestido de blanco y violeta, excepto la temporada 23-24, en que fue cedido en enero al Atlético de Madrid B, en Primera RFEF. La aventura colchonera no fructificó, volviendo a un Promesas en el que debutó antes de la mayoría de edad, en la temporada 20-21.

Su estreno con el primer equipo se produjo la temporada pasada. Disputó los últimos 18 minutos de la octava jornada, en el 1-2 frente al Mallorca. Su otra presencia con los profesionales se produjo en la última. Jugó 44 minutos en la despedida de Primera, con derrota por 3-0 frente a un Leganés que también cayó a Segunda.

El sábado, nada más marcar el gol de la tranquilidad (y quién sabe si de un golaveraje decisivo) se tapó la cara con las manos y luego con la camiseta. No era vergüenza, sino que casi ni se lo creía. Éste es su primer gran paso en una carrera profesional que ya no tiene vuelta atrás. Su dorsal 16 le instala de lleno en el primer equipo. El de sus sueños, que ya puede vivir despierto.

Maroto celebró su éxito acordándose de sus compañeros de abajo. «Es una sensación increíble para todos los que estamos en los Anexos. Salir, meter un gol y conseguir la victoria es increíble», comentó antes de hablar de la celebración con los canteranos que han crecido a su lado.

«Ese abrazo refleja todo lo que hemos pasado esta pretemporada. Somos una familia y peleamos todos por todos. Es algo que contagia a la afición y ese abrazo al final es un gol de todos, la liberación por todo el trabajo de la cantera».

El último recuerdo de Maroto tras el choque fue para su familia. «Sólo quiero ver a mi padre porque se ha perdido el partido por trabajo (es policía). Quiero ver a mi familia y darles un abrazo».

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