«Si mandan los egos, un equipo toca fondo»
Anuar se enfrenta por primera vez al club en el que pasó 17 de sus 30 años de vida
«En condiciones normales habría renovado, pero ya no podía más por el desgaste»

Anuar muestra su camiseta del Ceuta con el año de finalización de su contrato, tras su presentación.
No es el más técnico, ni el más rápido, ni el más fuerte, pero el fútbol necesita a jugadores como Anuar Tuhami. Son imprescindibles. Es el compañero de trinchera que querrías siempre a tu lado en una guerra porque sabes que así es más fácil sobrevivir.
El problema para Anuar es que él cayó en la última. No física, sino mentalmente. La catastrófica temporada 24-25 del Real Valladolid se lo llevó por delante. Este tipo de jugadores, pura honestidad, se asientan sobre una fe inquebrantable, un esfuerzo innegociable y, en su caso, un cariño a unos colores que han regido más de la mitad de su vida.
Cuando muchos compañeros no secundaron esta forma de concebir el fútbol pese a los esfuerzos de Anu y algún compañero más, el castillo blanquivioleta cayó. Era de naipes y no de piedra, pero en estos casos hace igual de daño en su derrumbe.
El mediocentro sigue dolido en su fuero interno por esta última y vergonzosa temporada en la que a muchos de sus ex compañeros ni siquiera cabe llamarlos mercenarios. Estos al menos luchan por dinero. La caterva que entonces ensució el uniforme pucelano, ni eso.
«En condiciones normales yo habría renovado por el Real Valladolid. Estaba muy a gusto allí, fue mi casa durante más de media vida y siento esos colores que me han hecho futbolista pero sobre todo persona. De haber hecho una temporada normal, podríamos haber seguido en Primera», comenta el ceutí a este diario.
«Mi problema -agrega- fue el desgaste. Lo pasé muy mal porque veía que no éramos un equipo de verdad, unido, y lo que decíamos algunos no era escuchado. De nada sirve tener jugadores de calidad si no hay humildad, sacrificio y compañerismo. Cuando mandan los egos, un equipo toca fondo. Y al final de temporada yo no podía más. Era cuestión mental. Por eso decidí irme, aun agradeciendo mucho el trato de la afición pucelana y la insignia de oro que me impuso el club».
La prueba de que Anuar no dejó el Real Valladolid por dinero es que su ficha en el Ceuta es menor que la ofrecida en Zorrilla. Y no sólo eso. El centrocampista rechazó una propuesta de siete dígitos del Medio Oriente.
«Me quiso Pacheta para el Granada y hubo interés de algún club de Catar, pero el más claro fue el del Al-Riyadh de Arabia Saudí. Me pusieron un contrato encima de la mesa y hablé por videoconferencia con el jeque que lo preside. Me ofrecían prácticamente un millón de euros netos. Javier Calleja es su entrenador y estaba muy interesado en ficharme, pero descarté todo por el Ceuta. Igual soy muy sentimental, pero no quería retirarme del fútbol sin jugar en el equipo de mi ciudad, y menos cuando ha vuelto a Segunda».
Parte fundamental para lograrlo ha sido Luhay Hamido, presidente del club caballa. «Llevaba tiempo intentando ficharme, pero sabía que con el Real Valladolid en Primera era imposible. Ahora ha dado el paso y acepté. Es un presidente que muere por el Ceuta. Lo cogió en Tercera RFEFy lo ha llevado hasta el fútbol profesional».
La familia ha aceptado el cambio de ciudad con mucha alegría. «Mi mujer también es ceutí y tiene aquí a toda su familia, igual que yo a la mía. Son los más felices por mi decisión. Ahora mi padre podrá verme todos los partidos de casa y no de vez en cuando, como le pasaba antes».
Anuar ha estado lesionado en el cuádricpes pero no tiene dudas de que viajará a Zorrilla. «Llevo cinco entrenamientos con el equipo y estoy bien, pero me falta ritmo. No creo que está para ser titular pero sí para jugar unos minutos».
Su posible debut con el Ceuta coincidirá con la vuelta a su estadio de siempre. «Cuando me preguntaron si sabía dónde debutábamos en Liga, no hizo falta decir más. Se me hará raro pero espero que la afición me reciba igual que me despidió. Yo no los olvido ni lo haré nunca. Parte de mí siempre estará en Valladolid y volveré cuando pueda porque he dejado muchos amigos».