El Atlético juzgará a Pezzolano
El club blanquivioleta está más alejado que nunca de su entrenador pero le dará margen para mejorar la imagen de un equipo al que en las oficinas consideran mejor de lo que se está viendo

Pezzolano saluda a Bordalás antes del incidente entre ambos que le costó la expulsión al uruguayo y la amarilla al español.
Paulo Pezzolano sigue vivo como entrenador del Real Valladolid. Y lo seguirá estando cuando su equipo reciba el sábado al Atlético de Madrid, pese a que él no esté en el banquillo por la sanción que le caerá tras ver la roja en Getafe, prácticamente imposible de recurrir con ninguna de las dos amarillas.
¿Seguirá en el cargo después? Depende de muchos factores. No, desde luego, de ganar al conjunto de Simeone. La llave de la continuidad está en dos claves: el juego que desplieguen los blanquivioleta, el cual deberá estar lejos del penoso de muchos de los partidos de esta Liga, y la respuesta de la grada. Si los cánticos contra Ronaldo, Pezzolano y directivos se recrudecen y se amplían a todo el estadio, como ocurrió en la última cita en Zorrilla ante el Athletic, ni siquiera la cabezonería y los problemas económicos del brasileño con este club (no con sus inversiones por el mundo) podrán parar una indignación general a la que se debe colocar un tope. Y ese tope es la cabeza de Pezzolano.
En las oficinas de Zorrilla lo tienen asumido. Ni se puede seguir con la actual línea de juego y resultados sin al menos intentar cambiarlos, ni se quiere que cada partido sea una pitada continua a Ronaldo. No es bueno para sus negocios y mucho menos para vender el club. Ese escenario de gritos y crisis deprecia una propiedad ya de por si alicaída en su valor tras ser el equipo colista.
Por primera vez desde las oficinas de Zorrilla se envían mensajes lejanos a la adhesión a su entrenador. No se dieron ni siquiera cuando se la jugaba en ocasiones anteriores, pero ahora sí.
Fuentes del club han dado dos muy claros a este diario. El primero: «contemplamos todos los escenarios posibles respecto al futuro del banquillo del equipo». El segundo: «creemos que hay plantilla para lograr la permanencia».
Si se combinan los dos anuncios en una coctelera y se traducen al lenguaje de la calle, se entiende que se ha perdido fe en Pezzolano (quizá mucha, pero no toda; por eso sigue) y que desde las oficinas se ve a la plantilla con mejores ojos que desde el banquillo. Las limitaciones del equipo son evidentes, pero las decisiones del entrenador las potencian.
Es evidente que Pezzolano lleva tiempo jugando con el Real Valladolid considerándolo como equipo pequeño y siempre supeditado al papel del rival. Ese freno mental es el que desean en las oficinas que desbloquee. El Pucela no es peor que el Getafe (quizá sea el único rival ante el que pueda decirlo) pero afrontó el partido desde una posición de inferioridad. Y se ve con nitidez que los jugadores creen cada vez menos en lo que hacen, con entradas y salidas inexplicables del once que en los despachos tampoco entienden. Y tampoco en el vestuario.
Los jugadores cada vez se alejan más del míster. Amallah se quedó fuera de la lista de Getafe por motivos disciplinarios. Antes les ocurrió a otros, aunque Kenedy y Machis se lo ganaron a pulso. Pero el míster es incapaz de dar entrada a Cömert tras sus excelentes actuaciones con Suiza, o a priorizar a Marcos André sobre Latasa tras sus goles ante el AVS.
Todo esto lo saben y lo valoran en los despachos, así como la cada vez mayor desafección de la plantilla con el técnico. El hecho de que no hablase en rueda de prensa en Getafe no fue bien recibido. Pero las palabras ante el micrófono de su segundo, Camilo Speranza, retumbaron con la fuerza de una losa que cae de golpe: «Yo creo que el equipo esta compitiendo al máximo de sus posibilidades», afirmó. En el club piensan que ese tope no lo ve ni de lejos.
Por lo tanto el escenario de crisis está montado, por si la clasificación no fuese suficiente. La maniobra más fácil es la salida de Pezzolano si continúa la crisis de juego y resultados. Al menos, para intentar la salvación. Más complicada es la venta del club, aunque no parece descartable, ni siquiera en el corto plazo.
A LA ESPERA DE RONALDO. Si la continuidad de Pezzolano dependiese de los habituales pobladores de los despachos del Real Valladolid, es probable que el uruguayo y su equipo de trabajo hubiesen hecho ya las maletas. Pero la última decisión es de Ronaldo, que quiere mantener a toda costa las cosas como están.
La causa es doble. Por una parte, aprecia mucho a Pezzolano por su fidelidad, sensación que es compartida por Paulo André, el asesor áulico del presidente, en quien confía para las decisiones deportivas. Por otra parte están los problemas económicos. Hay que reforzarse en enero y el gasto en un entrenador limitaría la ya de por sí mínima capacidad de compra. Con Pezzolano posiblemente no habría problema para aplazar el finiquito.