TRES SEGUNDOS
El deber de la 'fusión fría' del basket femenino
La unión 'particular' de Ponce-San Isidro y ya sin el desaparecido CDU, amenaza con convertir sin querer (o queriendo) el baloncesto femenino de Valladolid en un erial
Pucela Basket femenino.
El baloncesto femenino de Valladolid vivió una revolución el pasado verano con una fusión (a su manera) de los dos grandes (y ya únicos) clubes dominadores en Valladolid. Ponce y San Isidro, San Isidro y Ponce, ya sin el mediador CDU, otrora referente y símbolo caído en el olvido hasta la desaparición tras beber el veneno brindado desde el propio club universitario, hacen un brindis al sol con una fusión, llamémosla fría. Una fusión que ha generado mucha controversia. Una fusión que, sin querer (o queriendo), ha abierto un desierto en el baloncesto femenino vallisoletano.
La fusión llamada Pucela Basket, nombre no reconocido por la Federación de Baloncesto de Castilla y León al seguir contando y operando los dos clubes con sus CIFS originales y no con uno único como debiera de ser, ha mutilado la ya poca competitividad de un baloncesto femenino convertido en duopolio y mutado ahora hasta el monopolio. Porque por separado Ponce y San Isidro, San Isidro y Ponce, ya demostraron de un tiempo a esta parte y sobre todo la pasada campaña (a su manera y gracias a su particular política de ‘fichar’, convencer o como lo quieran llamar) su dominio aplastante en Castilla y León. Un dominio, curiosamente, no trasladado al ámbito nacional en los Campeonatos de España.
¿Para qué entonces esta unión de fuerzas? La respuesta debería trasladar la mirada de forma obligada no a la base, deshecha, sino a la cabeza. Pero la ‘fusión fría’ no tiene de momento una cabeza visible y sobre todo reconocible, sin duda su gran error, que ejerza de espejo donde mirarse las niñas de su aglutinadora cantera. Su primer equipo milita en la Primera nacional, la cuarta categoría del baloncesto español, un espejo sin espejo. Otra cosa es que hubiera luchado o pretendiera luchar (una asignatura no demostrada y por demostrar este año) por una ventana al menos en la Liga Femenina 2, el tercer peldaño camino del baloncesto semiprofesional.
En tiempos en el que el baloncesto femenino español se ha hecho visible y por momentos viral con la medalla de bronce conseguida en el último Mundial, la pregunta es obligada. ¿Para qué sirve una fusión en la que aglutinas todo el baloncesto perdiendo la poca competitividad que ya existía en colegios como San José y San Agustín que por su culpa y su hechizo de captar a las mejores desde edades de pañal tienen fecha de caducidad? Difícil de explicar y convencer. Porque el Pucela Basket, que tenía antes de la fusión por separado dos equipos de la misma edad (segundo año) en las primeras categorías de las Ligas Autonómicas, tiene ahora igualmente dos, pero uno de primer año y otro de segundo, ‘condenando’ al resto a la muy poco competitiva segunda división, alcanzando hasta seis equipos en una misma categoría con el único objetivo entendible de la captación de las cuotas de los niñas. Valladolid ansía un baloncesto femenino referencial pero en la punta de la pirámide y no solo en la base. Es la única forma de que las jugadoras que pudieran salir no acaben, como ha pasado y está pasando, por hacer las maletas en busca de fortuna. Continuará....