HÍPICA
La montura en las venas
Nano Pérez cuenta como su hijo Manuel emigra a Irlanda para ser profesional: «Hay más cultura del caballo de salto»
Manuel Pérez realiza un salto con su caballo durante una competición.
Hay historias que empiezan mucho antes de que su protagonista sea consciente de ellas. Manuel Pérez Morillo apenas era un niño cuando comenzó a subirse a un caballo en la Real Sociedad Hípica de Valladolid, pero la hípica ya formaba parte de su vida. Los Pérez, una familia estrechamente vinculada a este deporte en Valladolid; su padre, Fernando ‘Nano’ Pérez, y su tío Javier, dos jinetes de referencia en Castilla y León. Manuel creció viendo en casa aquello que, con el paso de los años, acabaría siendo su pasión.
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Ahora, con 20 años, aquella afición de niño empieza a convertirse en una profesión. Manuel acumula medallas en los Campeonatos de Castilla y León, buenos resultados nacionales y un segundo puesto en el Trofeo Princesa de Asturias. Este año ha dado además un paso adelante en el ámbito internacional, con otro segundo puesto en una de las pruebas del Concurso de Saltos Internacional de La Coruña. Ha dejado de ser solamente el hijo de Nano. Empieza a ser Manuel, aunque continuará su carrera en Irlanda.
Manuel es el segundo de cuatro hermanos y comparte su pasión por los caballos con su hermana Cristina. Desde muy pequeño, la hípica formó parte de su paisaje cotidiano. «Desde que tuvo uso de razón vivió la hípica en casa», explica Nano Pérez, que además de padre ha ejercido también como preparador y guía durante su formación. Empezó a montar siendo un niño, aunque una caída le hizo alejarse durante un tiempo. «Tuvo un susto, con caída incluida, y estuvo un tiempo sin montar. Después, en un campamento escolar, volvió a tener contacto con los caballos y retomó la hípica con más entusiasmo», recuerda su padre.
Desde entonces, la evolución ha sido constante. Horas de entrenamiento, competiciones y resultados con diferentes caballos, una circunstancia que su padre considera fundamental. «Siempre ha destacado por su constancia y por tener un objetivo claro, que es hacerse un gran jinete. Hay que darle a cada caballo lo que necesita en cada momento. Hay que conocer la sensibilidad de cada caballo para sacarle lo mejor».
Manuel Pérez realiza un salto con su caballo durante una competición.
Ese objetivo pasa ahora por salir al extranjero. MManuel está completando su formación en Irlanda, en una de las cuadras más importantes de Europa, donde su rutina comienza temprano y combina las labores de la cuadra con el entrenamiento. Llega a montar hasta ocho caballos al día.
Para Nano, esa experiencia es fundamental para dar el salto al profesionalismo. «En países como Francia, Alemania, Bélgica, Holanda, Inglaterra e Irlanda hay más cultura del caballo de salto», explica.
Manuel quiere seguir ese camino y el siguiente paso será Irlanda. Su padre le apoya, aunque también insiste en que debe mantener los pies en el suelo. «Mi apoyo es total, pero siempre le digo que debe terminar sus estudios de informática. La vida de jinete no es fácil y siempre hay que tener un plan B». Y, mientras aprende de los mejores, Nano le pide que mantenga la capacidad para escuchar y la humildad. «Hay que fijarse y ser una esponja. De todo el mundo se puede aprender algo».
Manuel ha crecido rodeado de caballos y ha tenido en casa a dos de sus mejores referencias. Pero cuando entra en la pista, el apellido Pérez no salta con él. Los resultados son suyos. También los errores, las horas de entrenamiento y el camino. Su padre puede enseñarle, pero será Manuel quien tenga que decidir hasta dónde quiere llegar.
Manuel Pérez, con su caballo durante una competición.