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Redacción de Valladolid
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No se les ha prestado mucha atención pero acaban de darnos una soberana lección de compromiso social, de honestidad, de empatía, de cordura y de respeto por los derechos humanos.

Me refiero a las futbolistas de la Liga española, sí, ésas a las que muchos niegan su capacidad para jugar al fútbol porque no lo hacen igual que los hombres, pobres ignorantes, cuando en realidad no se trata de imitarlos sino de darle su propia personalidad.

El deporte femenino profesional hace tiempo que llegó para quedarse y aunque es cierto que le falta mucho por recorrer para alcanzar una situación óptima de las deportistas, no sólo en el fútbol, también en baloncesto, balonmano, atletismo y más deportes, cada vez tiene mayor protagonismo y mayor cuota de seguimiento.

Sí, ya sé lo que van a decirme pero no se hagan la trampa de compararlo con el fútbol masculino porque, en esa ecuación, siempre van a perder de la misma forma que pierden los demás deportes masculinos si los comparas con LaLiga. No hay más que ver las audiencias de la ACB o la Asobal, sin ir más lejos. Pero les decía que nos han dado una lección que ha pasado desapercibida debido a la semana política que hemos vivido porque, en el momento en el que la Real Federación Española de Fútbol anunciaba por medio de su presidente, Luis Rubiales, que la Supercopa de España se jugará en Arabia Saudita, han sido numerosas las futbolistas que han salido a criticar tal decisión esgrimiendo que no todo vale, que el dinero no puede ocultar el hecho del grave problema de falta de libertades que sufren allí las mujeres.

Bravo, por su valentía y por su compromiso; para entendernos, todo lo contrario que el embajador de la república catalana en el Reino Unido, Pep Guardiola, quien critica «la falta de libertades y la represión del estado español hacia el pueblo catalán, donde se vive una deriva autoritaria», mientras cierra los ojos al dinero que llega a su club en forma de patrocinios o el ex jugador del FC Barcelona, Xavi Hernández, que ha reconocido vivir muy a gusto en Catar: «No vivo en un país democrático pero funciona mejor que España».

No se puede ser más cínico. Les daré solo un dato, las mujeres de Arabia Saudita no podían conducir hasta el 24 de junio de 2018 y hasta el 1 de agosto de 2019 no podían obtener un pasaporte o viajar al extranjero sin la autorización previa de un tutor masculino, que puede ser el padre, el marido e incluso los hijos.

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Aun hoy en día, cualquier mujer saudita debe obtener permiso de su tutor masculino para poder casarse, eso sí, sin importar la edad. Y si hablamos de acudir a recintos deportivos, no podían hacerlo hasta el 1 de enero de 2018, fecha en la que fueron autorizadas para acudir a algunos espacios deportivos, pero en tribunas separadas. Así que sí, estoy con ellas, con las futbolistas que han alzado su voz en contra del mercantilismo que pisa sobre los derechos humanos. Porque no todo vale.