La visionaria y heroica apuesta por la mujer
El deporte es uno de los ámbitos que menos ha evolucionado en cuestión de igualdad. El aspecto más desigual es la profesionalización y la remuneración económica de las deportistas de élite sin olvidar la desigualdad en asignación de espacios deportivos, horarios, material, indumentaria, capacitación de las personas que las entrenan y recursos económicos y humanos.
El deporte femenino sigue en manos de padres y heroicos románticos que han dedicado o dedican, casi siempre en la sombra, horas y horas, para empujar el peso de un deporte que al contrario que el masculino, no va sobre raíles. Prueba de ello es que apenas el 1% de los patrocinios comerciales se destina al deporte femenino.
Los estudios reflejan que los deportes femeninos solo obtienen el 5% de cobertura mediática y que el 43% de las adolescentes considera que no tiene suficientes modelos femeninos de conducta. Valladolid intenta ser, como en muchas otras cosas, colonia independiente. Ese es al menos el pensamiento o más bien el sueño al que se agarran esos visionarios, todos ellos heroicos, que años atrás apostaron por dotar de alas al deporte femenino. Entrenadores como los hermanos Brizuela, Joaquín, Luis y Pedro; los hermanos Rojo, José Carlos y Luis Ángel; Alberto Pesquera, Samuel Puente, Tató, Chuchi, Berta o Malayo, en el basket femenino; Carlos Colmenero y Miguel Ángel Peñas en el balonmano femenino; Ángel Ruiz en el hockey; los mosqueteros Alarcia, Cruz y Bocos en el esgrima...
Todos ellos en cierto modo ejercieron años atrás de visionarios al propulsar un deporte, el femenino, apresado por los grilletes de la desigualdad y en muchos casos del olvido. Hoy, en tiempos en los que la igualdad pide paso en todos los ámbitos de la vida, el deporte femenino parece cobrar por fin vida, aunque sigue lejos, muy lejos del masculino. Quizás deberíamos empezar por desmontar el gran mito de que el deporte femenino no vende, porque en Canadá o EEUU, por poner unos ejemplos, sí vende.
Es una cuestión de enseñanzas y de hábitos porque en el debe del deporte femenino también hay otro muro por derribar y ese es que a pesar del más que evidente despertar del deporte femenino, su gobierno y dirección corresponde a hombres y no a mujeres. Apenas hay entrenadoras que ejerzan de líderes.