El Pucela se descompone
Pésimo partido de los blanquivioleta, incapaces de hacer daño a un Betis a medio gas / Siguen los problemas con el gol y la creación

Verde se muerde la camiseta al final del partido, con Sergio, Olivas y Plano detrás.-J. M. LOSTAU
Lo mejor que hizo esta jornada el Real Valladolid fue los resultados de sus rivales por la salvación. Perdieron Rayo y Villarreal. Empataron Huesca y Celta. Y el Girona juega hoy. Este mejunje de no victorias permite que los pucelanos sigan como decimosextos, a tres puntos de los puestos de descenso, pese a perder contra el Betis.
El resto fue malo. El partido, penoso. Pero peores fueron las declaraciones de Sergio en rueda de prensa, en plan los muchachos son estupendos y el fútbol conspira contra nosotros. Del míster pucelano siempre he alabado el hiperrealismo con que juzga los partidos, como un Antonio López de los banquillos. Ayer fue Dalí. Puro surrealismo con toques dadaístas. Y para mí el arte se empezó a ir a la mierda, hasta ser lo que es ahora, cuando Duchamp presentó como gran obra un urinario del revés.
Así está el Pucela. Del revés. Nada que ver con ese equipo tan pesado como la mano de un novio que no dejaba respirar al rival, que quería el balón, que robaba, se iba como un misil arriba y culminaba las jugadas, bien o mal.
Esta versión desmayada del conjunto blanquivioleta es un no puedo y habrá que ver si es un quiero. No por falta de ganas, sino porque cada vez es mayor la impresión de que ni los mismos jugadores creen en lo que hacen. Sobre todo en los partidos de Zorrilla. Sobre todo ante defensas de cinco. Sobre todo cuando juegan algunos futbolistas.
Ayer era un día D para los castellanos. Su desembarco de Normandía. Enfrente, un rival que lloraba la pérdida europea del jueves pasado y pensaba en el reto copero del jueves futuro. Venía a empatar o, qué demonios, a sumar una derrota digna. Se vio desde el inicio.
El calendario puso un caramelo al Real Valladolid que escupió. Dieron lo mismo las ausencias por descanso de Jesé y Lo Celso, y los banquillos de Bartra, Loren y Guardado. Fue el Real Valladolid quien metió al rival en el partido.
Sergio volvió al 4-4-2 y sorprendió con la suplencia de Anuar, el jugador de campo más destacado en el Camp Nou. En el medio, Míchel y Alcaraz. La nada. Borrados ellos, desapareció el ataque albivioleta. El juego pucelano fueron centros hacia la nada (2 aprovechados de 29) y jugadas muertas al llegar al área. Siempre fallaba el último pase, o se adelantaba el rival.
En la mitad inicial, el primer tiro entre los tres palos llegó con uno de Plano a las manos de Pau. Minuto 35. Siete después, Plano choca con un compañero cuando va a tirar, el balón le llega a Guardiola, se queda tieso y Pau despeja. Cinco partidos y el recién llegado sigue con el contador a cero.
Y en el tiempo añadido, el primer mazazo. Masip sale mal y blando a un balón colgado en saque de falta, Feddal cabecea atrás y Mandi ejecuta una soberbia chilena por encima de la defensa. Gol.
La segunda parte el Betis esperó atrás, pero el Real Valladolid no fue un arma letal, sino un gatito jugando con un ovillo. Su zona de creación seguía difunta y daba la sensación de que nadie creía en lo que hacía, ni dentro ni fuera del campo.
Cada jugada recreaba el día de la marmota. Pase en largo: fuera o cortado. Jugada por el centro: muerta a tercer o cuarto pase, y siempre antes de llegar al área. Esto, por supuesto, siempre que se acertase con el servicio. Las bandas tampoco funcionaban como surtidores de juego.
Verde avisó con una falta lejana y Guardiola cabeceó un córner en la jugada que estuvo más cerca del gol. Pau, felino, sacó el balón de la raya. Poco después Calero envió fuera el balón de otro testarazo tras saque de esquina. Era el minuto 27 y no hubo más noticias ofensivas del Pucela en todo el partido. Los cambios aportaron viveza pero nada más, porque la línea de juego fue siempre la misma.
El Betis se encontraba divinamente en este escenario. Se hacía la víctima del falso dominio local para proyectarse en ataque. Canales culminó el partido con una gran jugada en la que se fue por potencia y calidad de Calero y Nacho para poner un centro de gol a Joaquín, que sólo tuvo que empujarla.
O Sergio no piensa de verdad lo que dijo en rueda de prensa y lo hizo porque tocaba, o de verdad existe un problema en Zorrilla como para llamar ya a Houston.