No basta con tener la voz más melodiosa para entonar un tango
Es tiempo de medio silencio, de boca helada y murmullo. Palabras indirectas desde la grada, una grada hasta el momento no sólo fiel sino con el santo don de la paciencia. Huerta del Rey no entiende nada, ni siquiera es capaz de comprender cómo el equipo de sus amores ha perdido la chispa, ha perdido las señas de identidad, ha perdido su razón de ser. Porque el recuerdo del gozo ya no es gozo. Cuando Huerta del Rey era un fortín inexpugnable. Cuando el vetusto pabellón vallisoletano, primero del extinto BMValladolid y ahora del BMAtlético Valladolid, era una cancha prácticamente inexpugnable y transmitía una electricidad fuera de lo común. Pero aquel recuerdo, no tan lejos, es ahora dolor. El Recoletas Atlético Valladolid parece haber perdido su mejor y más envidiada carta, la de su afición. Una afición cansada y decepcionada de que su equipo vuelva a tropezar por enésima vez en esa misma piedra de no saber amarrar los partidos de casa, como siempre, como antaño. Ahora cada partido se ha convertido en un tortuoso camino de penitencia donde el murmullo del alma, profundo, continuo, domina al de las voces. Aquellas voces encendidas de ánimo que eran capaces de meter el miedo en el cuerpo de cualquier rival por grande que fuera. Esa fuerza de la afición, pese a ser, todavía, la más numerosa de la Liga Asobal con una media que supera los 2.000 espectadores por encuentro, ha perdido su voz hasta quedar muda. De la efervescencia ha pasado a la placidez y conformismo entre murmullos, murmullos de desaprobación. Los aficionados que acuden animar cada sábado, ahora sin la bandera de enganche, como siempre, del propio equipo, parecen invisibles pese al número. Son espectadores de teatro, teatrillo aburrido, por culpa de un equipo que ha abandonado sus señas de identidad. No basta con tener la voz mas melodiosa para entonar un tango de balonmano. Hay que sentirlo ademas. Hay que vivir su espíritu y este Recoletas Atlético Valladolid no lo siente ni lo vive. Esa es al menos la percepción que está transmitiendo en la presente campaña con todo lo peligroso que lleva consigo de cara a seguir construyendo para el futuro. Porque hay que vender el producto, hoy en la aburrida tierra de nadie.