El líder de la ‘Quinta de la Intertoto’
Sergio se mide a ‘su’ Espanyol, club con el que debutó como jugador y entrenador en 1ª

Campeón de la Copa de 2000 con gol incluido.-E.M.
Corría la temporada 98-99 y el Espanyol apostó por Marcelo Bielsa, un técnico con gran caché en Argentina, pero que tenía que pasar la reválida de Europa. El ‘Loco’ no estaba muy por la labor de apostar por una cantera que acababa de demostrar su potencial ganando la Copa Intertoto, la competición veraniega que daba plaza para jugar la Copa de la Uefa. «No quería tener ficha del filial porque si se producía un cambio de técnico, quizás no contaría con nosotros», contó el de Hospitalet en el libro ‘La Quinta de la Intertoto. El sueño que se hizo realidad’.
Sin embargo, la suerte del hoy entrenador del Real Valladolid iba a cambiar. En un torneo veraniego disputado en Italia jugó contra el Milán. Bielsa le puso en el once y le dijo «tienes la oportunidad de demostrarme que puedes jugar en este equipo». Ante Zidane, Davids y Deschamps no le temblaron las piernas y demostró estar capacitado para el primer equipo. El argentino se lo reconoció: «A partir de ahora, a usted ya no le voy a decir más que tenga ficha del filial».
Así es como Sergio se hizo un hueco en un once de un Espanyol que seguiría contando con la denominada Quinta de la Intertoto. Entre ellos estaban Morales, Capdevila, Tamudo, De Lucas y el inseparable Diego Ribera. «Me escapé de hacerme el tatuaje del gladiador que se hicieron ellos en un viaje por Andalucía en verano», comentó Sergio González en una entrevista a El Periódico hace cuatro años cuando le preguntaron alguna anécdota de esa generación de oro.
Y es que el de Hospitalet (1976) forma parte de la historia viva del equipo catalán, tanto desde el banquillo como en el campo. Lo que se denomina un hombre de la casa, aunque su salida como técnico fuera por la puerta de atrás.
A la afición blanquiazul se la ganó desde el primer día con su entrega en el campo y sus goles. En sus vitrinas dejó la tercera Copa del Rey conquistada en 2000. Marcó el segundo gol, mientras que el primero fue aquel famoso de Tamudo, cuando le robó la pelota al exespanyolista Toni Jiménez. Al año siguiente se fue al Deportivo y allí estuvo nueve temporadas. Se marchó a Galicia entre lágrimas, pero dejó en las arcas 17 millones de euros.
Tras triunfar como jugador volvió a Barcelona para entrenar a las categorías inferiores. En enero de 2014 se hizo con las riendas del filial en una situación límite. Y como en Zorrilla, el equipo se transformó y concluyó en la octava plaza con solo dos derrotas en las últimas 17 jornadas. Cercano a los jugadores supo manejar de maravilla el grupo. Meses después le llegó la oportunidad de entrenar al primer equipo.
En su estreno como entrenador de la máxima categoría (Liga 2014-15) finalizó en la posición décima con 49 puntos, y alcanzó las semifinales de la Copa del Rey. La siguiente campaña fue destituido tras una derrota contra el Celta de Vigo que dejaba al conjunto blanquiazul duodécimo con 17 puntos en 15 jornadas, tan solo a tres de las plazas de descenso. Con el chino Chen Yansheng a las puertas de adquirir el club, el Espanyol no cumplió la palabra de renovarle y el ambiente se enrareció.
Sin embargo, nadie podrá negar que Sergio es un ‘perico’ en cuerpo y alma, aunque no tenga tatuado el gladiador de la quinta de la Intertoto. «A mí no me gusta eso», reconoció en aquella entrevista.