BALONMANO
La pócima secreta de rendir al máximo por solo 150 euros
El Aula, gracias a la implicación de Alimentos de Valladolid como patrocinador principal, ha podido pagar este año a sus jugadoras una cantidad simbólica largamente deseada

Miguel Ángel Peñas alecciona a sus jugadoras durante un tiempo muerto en un partido de esta temporada.-M. A. SANTOS
¿Qué tiene el BM Aula Alimentos de Valladolid para que las jugadoras quieran probar su pócima secreta? ¿Que hechizo las convence para renovar desoyendo ofertas económicas que en poco o en nada se parecen a lo que reciben en Valladolid? Cierto es que el deporte femenino en general y en este caso el balonmano en particular no se puede comparar al masculino en cuanto a las condiciones dinerarias recibidas por hacer su trabajo: jugar al balonmano de forma profesional o ‘semiprofesional’. El BMAula representa cada año, cada temporada, el milagro de los panes y los peces. Jugar por puro romanticismo y amor a un deporte, jugar con la intención de crecer para poder usar el día de mañana la catapulta al éxito... económico. Es difícil de explicar cómo un club como el Aula es capaz de sacar tanto con tan poco, con tan poco dinero. El esfuerzo de su directiva, que representa la defensa del altruismo, es sin lugar a dudas, el ejemplo de la capacidad de superación.
El BM Aula ha estado luchando esta campaña prácticamente hasta la última jornada por entrar en Europa. La marcha el pasado verano de jugadoras con un gran peso específico dentro del equipo como eran Celia o sobre todo el icono del club Amaia González de Garibay y Silvia Arderius abría un gran interrogante. Pero Miguel Ángel Peñas y Cayetano Cifuentes se sacaron dos ases debajo de la manga. El primero, fichando al más puro estilo Pastor en la primera e ilusionane época del BM Valladolid, a ilusionante de futuro como Eli Cesáreo, Cuadrado y Mada Fernández. El segundo, encontrando un patrocinador, un mecenas que apostara a ciegas por su proyecto. La llegada de Alimentos de Valladolid a través de la Diputación, fue como maná caído del cielo. Sus 25.000 euros sirvieron para que por primera vez las jugadoras pudieran cobrar una nómina, un sueldo pequeño, muy pequeño al mes. La promesa de pagar se hacía realidad gracias a la Diputación. 150 euros por jugadora al mes unidos a lo único que estaba ofreciendo hasta la fecha como era hospedaje y manutención. Miel sobre hojuelas.