FÚTBOL / REAL VALLADOLID
Reparación instantánea
Los blanquivioleta arrancan dos puntos en el derbi por un sonoro error del Numancia a balón parado, similar al cometido por los pucelanos con el Cádiz / Mal partido pero buena defensa

El central blanquivioleta Calero controla el balón ante el atacante numantino Guillermo.-VALENTÍN GUISANDE
Luis César se especializó en puntuar en casa y Sergio parece hacerlo a domicilio. El nuevo entrenador lleva un punto de seis como local (derrota frente al Sporting y empate con el Cádiz), pero un pleno de seis puntos como visitante (triunfos en Oviedo y Soria). Lo más importante de la cita de ayer, luego de la victoria, fue dejar por fin la portería a cero, lo que no había conseguido el míster desde su llegada.
El partido no presentó de inicio las señas de identidad que se requerían para la ocasión. El Real Valladolid se jugaba una final pero su entrada al campo fue propia de un encuentro de comienzo de temporada, cuando todo está por afinar y automatizar.
Líneas separadas, escaso juego sin balón, pérdidas reiteradas en los pases en largo y nula efectividad en el balón parado (hasta el gol) fueron ventajas desperdiciadas por un Numancia más hecho pero más negado en la creación.
Sergio no sorprendió con la alineación. Borja sustituyó al lesionado Luismi y Mata a Toni Martínez. Las miradas estaban puestas en la defensa pero esta vez fue lo que mejor funcionó. Calero y Olivas anularon a los atacantes numantinos, ayudados por Borja y unos laterales muy centrados en defender. La primera parte se saldó sin tiros entre los palos.
El encuentro discurrió por cauces similares al inicio de la segunda mitad, pero el Real Valladolid se fue poco a poco estirando. Toni se marchó al banquillo pese a ser el medio atacante más móvil y peligroso, por delante de Plano y un Hervías bastante difuminado.
Todo cambió tras el gol. El Real Valladolid fue consciente de que había sacado petróleo con muy poco y por fin supo administrar el ritmo de un partido. En los últimos minutos se jugó a lo que él quiso, con un Numancia muy bien vigilado y ataques que por fin terminaban, sin conceder pérdidas absurdas de balón. No fue un partido brillante. Ni siquiera bueno. Pero no es tiempo de florituras sino de ganar. Y se logró. Lo demás, a estas alturas de Liga es por desgracia superfluo. Sergio parece haber encontrado una vis más competitiva de un equipo al que le cuesta abandonar su pasado.