FINAL DE LA COPA DEL REY
‘El Barco’, en la isla del tesoro
La sede del VRAC vibra con el derbi / A falta de Fan Zone, los aficionados de El Salvador abarrotan La Central

Los aficionados delVRACcelebran la consecución de la Copa del Rey en su sede, El Barco.-EL MUNDO
El Barco volvió a llevar a su tripulación hasta la isla del tesoro. Los cimientos de la sede delVRACQuesos Entrepinares se tambalearon ayer, como cada vez que su equipo levanta un nuevo título; una imagen recurrente en los últimos años.
Con la final vallisoletana en el exilio de Valencia y con la Fan Zone delCampoGrande de vacaciones por una amenaza de lluvia que no fue tal, las aficiones de los dos equipos optaron por acudir ayer por la mañana en peregrinación hasta sus respectivas sedes. Los vestidos con la casaca blanquinegra enfilaban el camino de la Plaza de laUniversidad, los que se abrigaban con la camiseta azulona lo caminaban, paradójicamente, hacia la Plaza delSalvador. Lugares en los que una hora antes del partido los rituales previos ya habían comenzado en La Central y en El Barco. Más tuvo que lidiar con el GPS un adulto con la camiseta delSilverStorm El Salvador, que recorría las calles acompañado con un pequeño vestido con la sudadera delVRAC... los colores no entienden de genes.
«Nos teníamos que haber ido a Valencia a ver el partido», espetaba entre risas un aficionado chamizo mientras levantaba la cremallera de su cazadora todo lo que podía. No es de extrañar, 7 grados era la temperatura enValladolid por los 18 de los que presumía Valencia.El frío se volvió calor con el pitido inicial.
El ensayo de Mateu llegó muy pronto como para enfriar La Central. Los aficionados chamizos aplaudían cada acción y se ponían en la piel de JuanCarlos Pérez. «Hay que golpear a palos», decía un seguidor colegial, a lo que su compañero respondía... «la defensa se rompe jugando». Así fue, el ensayo de Nuu Junior desató la alegría en la sede deElSalvador y la indignación en El Barco, donde reclamaban un avant.
Mientras el reloj corría, las uñas se hacían más pequeñas en ambas sedes. Los cánticos se sucedían, como si el aire pudiera llevar el ánimo hasta Valencia. El ensayo de Gavidi hizo que las manos fueran a la cabeza enLaCentral, igual que las de Altés en campo. El pitido final desató la locura en El Barco, donde unos confiados aficionados ya tenían una pancarta preparada para celebrar la quinta copa quesera y donde la fiesta se alargó hasta que los jugadores se incorporaron a su vuelta de Valencia.
«Lo importante es que el rugby y Valladolid se han convertido en una fiesta», celebraba un aficionado delVRAC tras el pitido final, cuando la deportividad hizo acto de presencia:«Enhorabuena al Quesos. Ha sido una final bonita, sin juego sucio.Ha ganado el rugby», asegura una seguidora del Chami.