Un chamizo en las antípodas
Gabriel Fernández ficha por un equipo de Nueva Zelanda, Belfast RFC, para jugar los próximos cuatro meses en una liga local
Gabri Fernández posa en los vestuarios de su nuevo equipo realizando el típico gesto de la ‘cobra’.-EL MUNDO
Las antípodas son el lugar de la superficie terrestre diametralmente opuesto a otro. Es decir, el punto más alejado a nuestra localización y el que nos encontraríamos si trazásemos una línea recta imaginaria atravesando el centro de la tierra. Muchos piensan que las antípodas de España es Australia, pues no. Se trata de Nueva Zelanda, y concretamente de Valladolid, Wellington, la capital.
Todo ello a más de 19.700 kilómetros de distancia, que es la que ha recorrido Gabriel Fernández para cumplir un sueño:jugar en Nueva Zelanda. Exactamente en Christchurch donde vestirá los próximos cuatro meses la camiseta de Belfast Rugby, un club afiliado a la Canterbury Rugby Union, una de las divisiones con más prestigio.
Su nuevo equipo está ubicado en Christchurch, ciudad con 362.000 habitantes (semejante a Valladolid) pero donde cuentan con su propia liga (Metropolitan Sub-Union) formada por 18 equipos. Y es precisamente esto, lo que más le ha llamado la atención hasta el momento, «es increíble la forma en la que viven el rugby en Nueva Zelanda», también destaca la atención continua de los compañeros «para que me sienta bien desde el primer día».
El pasado 29 de marzo recibió una de las llamadas más inesperadas pero también más ilusionantes que un jugador de rugby puede tener. Al hasta ahora jugador del SilverStorm El Salvador se le abría la puerta de jugar en el equipo B del Belfast Rugby. No lo dudó.
Ahora con menos de quince días en Nueva Zelanda, el chamizo se está haciendo a la ciudad. De momento está jugando en la segunda división pero mantiene muchas posibilidades de hacerlo en Primera. «Todavía me falta de aprender el plan de juego», apunta.
El primera línea perteneciente a la generación del 96 (22 años, 185 centímetros y 105 kilos) es consciente de que está viviendo una gran oportunidad para aprender y por eso quiere ser como una esponja. «Los entrenamientos son similares, pero aquí incluyen mucho más contacto y sobre todo me quiero centrar en las fases estáticas y las zonas de contacto, pues me parece que son las más flojas», explica con detalle. Lo que peor lleva son los horarios «aunque poco a poco ya lo voy asimilando», bromea.
El vallisoletano cree que esta aventura oceánica le podrá servir para dar un salto de calidad y afianzarse en el primer equipo chamizo. Hasta su marcha esta temporada había disputado 385 minutos con participación en siete encuentros en División de Honor mientras que era un pilar fijo en el equipo B.
Gabi estará allí los próximos cuatro meses, tiempo que dura la Liga local y donde pasará a ser una ‘cobra’ más, animal con el que se identifica su nuevo club que viste de verde y amarillo. «Así que en principio esa es la idea, pero nunca se sabe», aventura el primera línea.