Diario de Valladolid

NÁSTIC-REAL VALLADOLID (ANÁLISIS)

Un Valladolid sin espíritu competitivo

Los blanquivioleta parecieron salir a disputar un amistoso de verano en lugar del partido que les metía en promoción

Luismi y Borja ven cómo les sobrepasa el balón, en un centro del Nàstic.-PHOTO-DEPORTE

Luismi y Borja ven cómo les sobrepasa el balón, en un centro del Nàstic.-PHOTO-DEPORTE

Publicado por
Arturo Alvarado
Valladolid

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Lo último que se esperaba en Tarragona era una salida del Real Valladolid con el mismo entusiasmo que se exhibe en la cola de la panadería. Eran el día D y el rival ideal para cambiar la dinámica como visitante, pero los blanquivioleta decidieron transitar por la línea de aburrimiento y falta de competitividad con que obsequian a su afición cuando juegan fuera. Ese cambio de chip, esa vuelta de tuerca con una nueva imagen, se quedaron por enésima vez en el cajón.

De nuevo Luis César rompió al equipo que el dúo Borja-Luismi en el mediocentro. Antes el andaluz acompañaba en ataque y el gallego esperaba más atrás, pero realizaba envíos en largo para romper líneas. Ahora se mueven menos que una frontera, pero con la barrera abierta, porque tampoco ayudan como antes a la defensa.

Cualquier cambio de identidad pasa por que vuelva el Luismi del inicio liguero o incluso por retrasar a Míchel al mediocentro, con uno de los dos actuales o con Anuar, que mejoró a ambos en los escasos minutos que le permitieron jugar. Seguir así sólo sirve para perpetuar la construcción del ataque por medio del envío en largo, viviendo de Mata, que no es infalible. Para eso no hace falta saber táctica, y menos cuando todo el mundo coincide en que la victoria era fundamental y se sale con la alineación típica de empatar fuera.

Esta ruptura descoloca a la gente de arriba y le hace parecer peor de lo que es. Tras unos primeros minutos sin olerla, los atacantes bajan. Y cuando se recupera el balón, no hay suficientes efectivos para montar acciones ofensivas. Esto lo vemos una semana detrás de otra, hasta el momento en que el cronómetro quema y el equipo se lanza a la desesperada.

Ayer se estiró en la segunda parte, pero entonces destapó sus carencias atrás, al ser incapaz de realizar con acierto las transiciones ataque-defensa, con faltas de marca asignada y jugadores siempre sueltos, como al principio en el balón parado. Eso es cuestión de mecánica y horas, no de ser un genio tipo CR7 o Messi.

Resulta curioso que el míster no crea conveniente jugar con dos delanteros... excepto si faltan tres minutos. Entonces mete a Toni Martínez. Tiró 87 minutos. Este Luis César de la segunda vuelta ni se lo plantea. El de la primera quizá los habría alineado de inicio, con Míchel de mediocentro junto a otro más defensivo. Pero si algo ha dejado claro sobre su personalidad este Real Valladolid 17-18 es que no la tiene. Ni se sabe a qué juega, ni cómo, ni es reconocible. O sea, un engendro.

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