CÓRDOBA-REAL VALLADOLID (ANÁLISIS)
El cántaro y la fuente
Luis César se muestra otra vez incapaz de cambiar el semblante de su equipo lejos de Zorrilla, donde el eje central vuelve a ser un agujero negro / Rácano planteamiento

Kiko Olivas, superado, intenta obstaculizar el remate del defensa del Córdoba Quintanilla .-PHOTODEPORTE
‘Quien se expone con frecuencia a las ocasiones de peligro tarde o temprano quedará atrapado en ellas’. Es el sino de un Real Valladolid mal gestionado, mal gobernado y que repite errores. Las miradas acusatorias vuelven a dirigirse hacia dos focos, el primero al banquillo, donde su entrenado Luis César Sampedro se ve incapaz de cambiar el semblante a un equipo que acaba por diluirse hasta la mínima expresión lejos de Zorrilla. No importa que el rival de turno, en este caso el Córdoba, tuviera ayer el agua al cuello al estar separado de nada menos que 13 puntos de la frontera que delimita la salvación del descenso. No importa que el rival de turno fuera el equipo más goleado de Segunda. Aún sin el goleador Mata, el Valladolid de ayer, vestido otra vez (y van...) de manso ‘corderito’ como visitante, fue un equipo rácano de planteamiento al ser incapaz de generar ocasiones de gol en la primera mitad. Ni siquiera el gol en la eterna prolongación de la primera mitad en un rebote, sirvió para cambiar el semblante de un equipo al que nadie, ni siquiera los equipos que parecen desahuciados, le guarda ya el respeto. Luis César es culpable, otra vez culpable (y van...), que revisiona y revisiona los partidos hasta la extenuación para cometer los mismos errores. Y es que tanto va el cántaro a la fuente que... al final se rompe. Si un equipo no juega a nada, rifa los balones, no chuta, no bascula, hay un mundo entre su centro del campo y su delantera donde Toni Martínez fue invisible y encima especula, lo acaba pagando, incluso ante el peor equipo defensivo de la Liga.
Es difícil de entender que el Valladolid, días, semanas y meses después siga cometiendo los mismos errores, siendo un agujero negro en el eje central de su defensa. Olivas fue un cero a la izquierda otra vez (y van...). Y hasta Calero, que salvó los muebles inicialmente, erró en el segundo gol del Córdoba al dejar pasar el balón.
Sin raza no hay paraíso y este Valladolid, rácano y blando no tiene ni carácter ni cabeza. Véase el penalti errado por Giannotas (¿por qué lo tiró él?) y la entrada de vértigo de un descabezado Luismi en el centro del campo que le costó la roja y dejar a su equipo visto para sentencia y ejercer de ‘maldito’ despertador para un Córdoba incapaz de medio campo hacia adelante.
El Valladolid cayó de forma incomprensible en el Nuevo Arcángel donde el Córdoba había caído contra todos (Zaragoza, Tenerife, Barça B, Granada...). Ni siquiera Luis César fue capaz de sacar ventaja al gol psicológico que su equipo se encontró (no tiene otra definición) con el tiempo cumplido en la primera mitad. El todavía entrenador del Valladolid mandó a Ontiveros a la caseta porque dice que no está para aguantar los 90 minutos de un partido. Y con 21 años. Ver para creer.