Diario de Valladolid

OSASUNA-REAL VALLADOLID (ANÁLISIS)

El pozo no tiene fondo

Desastroso sistema defensivo, uno más, que provoca finalizar la primera vuelta con 36 goles encajados / Segundo peor registro de la Liga

Kiko Olivas se  lanza al suelo para despejar un balón en presencia de Anuar y Toni.-PHOTO-DEPORTE

Kiko Olivas se lanza al suelo para despejar un balón en presencia de Anuar y Toni.-PHOTO-DEPORTE

Publicado por
J. I. Fernández

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Año nuevo. Tiempo de nuevas promesas, de propósitos para mejorar. Momento para olvidar errores del pasado y concienciarse para hacerlo mejor en el futuro. Pues bien, el Real Valladolid demostró que eso de ‘año nuevo, vida nueva’ no va con él.

21 jornadas, toda una primera vuelta, que de nuevo quedó retratada en un solo encuentro. No se le puede decir a Luis César que no haya encontrado un patrón de juego, eso está claro, lo que ocurre es que es un estilo con el que se ha demostrado, una y otra vez, que no sirve para esta categoría, al menos para un equipo con aspiraciones de ascenso (o eso se piensa), ni para unos jugadores que semana tras semana reflejan sobre el campo que no están preparados para la misión encargada.

La idea del entrenador gallego es que los partidos se ganan metiendo un gol más que el rival y en Segunda esto no es así. Un equipo con aspiraciones de ascenso se forja desde la defensa y los 36 goles encajados en esta primera mitad demuestra que fallan muchas cosas. Solo el Córdoba tiene peores registros con 39 tantos. El partido de ayer de Antoñito, Moyano y los dos centrales es para grabar y no volver a hacerlo.

Lo peor de todo es que Osasuna no hizo nada. El partido no lo ganó el cuadro rojillo, sino que una vez más lo perdió el Valladolid, que hizo de efecto aspirina y dio vida a un rival que llevaba tres meses sin ganar en casa. El equipo de LC fue un desorden total. Sin presión, ni intensidad. Lo que provoca que la zaga quede indefensa en todas las acciones. Cuando se ganaba 1-2 era el momento para usar el famoso contragolpe, tan pretendido por el gallego, pero ni se intentó. Dos minutos de eficacia navarra que dejaron a relucir las carencias de un equipo al que apenas le queda crédito. El mercado de invierno está abierto y se necesita un central y un lateral izquierdo, que ayer fue un coladero.

El técnico local Diego Martínez le ganó la partida por completo a un Luis César que no supo cerrar el choque cuando soplaba el aire a favor poniendo sobre el centro del campo jugadores para mantener la posesión. Los cambios realizados, ya con la soga al cuello, no volvieron a cambiar el sino. Los rivales saben que este Valladolid, aunque tenga el marcador a favor, es un equipo endeble, pueril y donde solo la eficacia goleadora de Mata evita males mayores.

Las victorias contra Zaragoza (sufriendo los mismos males que ayer) y Lorca ocultaron una herida permanente que aún sigue sangrando y si nada cambia, seguirá sangrando en la segunda vuelta.

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