REAL VALLADOLID-ZARAGOZA (ANÁLISIS)
El sufrimiento purifica
El Valladolid dinamita el partido en los seis primeros minutos, se gusta y acaba pidiendo casi la hora por culpa de dos nuevos errores defensivos / Con Anuar el equipo tuvo más fútbol

Minuto 2. Anuar celebra el 1-0 ayer ante el Zaragoza.-J. M. LOSTAU
La victoria balsámica lograda ante el Lorca el pasado sábado tuvo un efecto prolongado. Luis César, con su vigésima alineación diferente, esta vez marcada por las exigencias del guión provocado por la quinta amarilla de Luismi, pareció dar ayer, por fin, con la tecla. Un equipo ambicioso, que mordió de salida para acabar gustándose posiblemente en el mejor partido, al menos de medio campo hacia adelante, de lo que va de temporada.
El increíble 2-0 a los seis minutos de juego, vista la trayectoria del Real Valladolid en la presente campaña, hizo pensar en aquello de nadar y guardar la ropa. Nada más lejos de la realidad porque el equipo de Luis César, con mucho más fútbol ofensivo en sus botas con Anuar en el campo, y con Toni y Óscar Plano en su mejor versión en el esquema 4-2-3-1 planteado, optó por esperar al rival en busca de la contra. Cedió la posesión (39% frente al 61% del Zaragoza) pero fue un látigo. El 3-0 obra de Mata (su 16º gol) tras una brillante cabalgada de Óscar Plano en el minuto 38 hizo pensar en una plácida goleada. Nada más lejos de la realidad porque este Valladolid sigue siendo presa del pánico que provoca su defensa. Dos errores de sus dos centrales, cambiados de lado como ante el Lorca, de Deivid en un mal despeje y de Kiko Olivas cometiendo un penalti, otorgaron vida de forma innecesaria a un Zaragoza que nunca se dio por vencido pese a su empanada inicial.
El sufrimiento del Valladolid llegó en buena parte porque no hubo una orden directa de controlar la posesión convirtiéndose el partido en un correcalles con un fútbol directo de área a área. Y en esta batalla mal planteada hizo planear el fantasma de la remontada del Numancia y a punto estuvo de costarle la guerra a Luis César, que salva al toque de corneta un nuevo match-ball que le deja como dueño del banquillo. El sufrimiento purifica porque el verdadero valor consiste en saber sufrir.