Diario de Valladolid
Luis César dando indicaciones en un momento del partido.-J. M. LOSTAU

Luis César dando indicaciones en un momento del partido.-J. M. LOSTAU

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Arturo Alvarado
Valladolid

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Luis César respira. Las necrológicas deportivas deberán esperar con su borde enlutado en el cajón, porque el Real Valladolid se resiste a morir. Y su entrenador, también. El pleno de seis puntos en los dos encuentros en Zorrilla les da vida. Y el juego desplegado durante buena parte del choque frente al Zaragoza, ilusiona. Si las cifras siguen escalando de la mano de las buenas sensaciones, soñar volverá a ser lícito. Aunque hacen falta más de dos victorias seguidas para que prenda la mecha.

Sin embargo la afición pucelana ha encontrado un nuevo asidero para la esperanza después del partido de ayer frente al Zaragoza. Lo único malo de los locales fueron esos despistes y esas faltas de medida que costaron los dos goles. ¿Adónde va Olivas ante un rival de espaldas y en esa zona? Lo demás rozó el sobresaliente. Sólo algunos fallos en la finalización y los dos fueras de juego señalados que no eran, privaron a los blanquivioleta de la goleada. La merecieron, en un triunfo que deja mucho mejor poso que el recolectado frente al Lorca.

El fútbol no es una ciencia exacta, pero tampoco rige su funcionamiento un mono tirando dados. Las cosas pasan por algo, y la gran causa para esta mejoría de resultados (el sábado y ayer) y de juego (ayer) es el nuevo esquema táctico desarrollado por el míster. El equipo juega ahora más junto, es más solidario, deja menos huecos, se asocia mejor en las transiciones defensa-ataque. El repliegue en 4-4-2 ha aportado la seguridad mental que los jugadores necesitaban para perder miedos y sacar lo mejor de su repertorio.

Ante el Zaragoza se redescubrió además una virtud perdida o minimizada en los últimos tiempos: la presión tras pérdida. Dos goles en seis minutos pueden tener su componente de suerte, pero ésta acude más rápido a la cita si la llama el trabajo bien hecho.

El partido también ha servido para definir el tridente de mediocentros de ataque. Hervías, Toni y Plano casan. Cuentan con calidad, capacidad de asociación y mucha lucha. Impresionante Plano en la jugada del 3-0. Tanto como ese trabajo más sordo pero vital de Toni robando balones. Mata sigue como un misil y Borja se ha convertido en el alter ego del míster. Con 37 años se pisa las dos áreas en carrera en el minuto 90, además de dirigir al equipo. Anuar también se dejó el alma, hizo mejor al gallego y marcó un golazo. Olivas y Deivid se han ganado el puesto, pese a errores tan escasos como peligrosos. Lo peor para el Pucela es que ahora lleguen las vacaciones. Época de regalos. O de refuerzos.

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