Diario de Valladolid

LEB ORO

Sufrir como razón de ser

El Carramimbre desconecta y sestea de forma peligrosa después de hacer un baloncesto de alto copete ante el colíder Oviedo de Carles Marco (91-86)

Graham-Bell gana la línea de fondo  ante Arteaga y Belemene.-PABLO REQUEJO

Graham-Bell gana la línea de fondo ante Arteaga y Belemene.-PABLO REQUEJO

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Guillermo Velasco
Valladolid

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La única manera de ser feliz es que te guste sufrir’, decía Woody Allen. Pero el Carramimbre Ciudad de Valladolid sufrió ayer hasta límites insospechados. Nadie, absolutamente nadie (bueno, a excepción de Carles Marco), se habría aventurado a vaticinar que el Doctor Jekyll iba a convertirse en apenas seis minutos (del 19 al 25) en Míster Hyde sin un motivo justificativo. El equipo de Paco García pasó del blanco inmaculado que le llevó por momentos a tocar con la yema de sus dedos la excelencia, a l negro que le hizo desaparecer fruto de las prisas, del pánico y de la desconexión.

La pregunta es obligada. ¿Cómo puede un equipo cambiar de cara y de versión con tanta facilidad? Es acaso su extrema juventud. Difícil de explicar. El Carramimbre salió al campo mordiendo, cargando el rebote ofensivo y comiéndose a su rival debajo de los tableros. Ese hambre le llevó a finiquitar el partido en tan solo 19 minutos. 19 minutos nunca vistos, 19 minutos para enmarcar, 19 minutos para guardar en la memoria. Todo salía ante un Oviedo que aunque llegaba a Pisuerga con la vitola de colíder fue reducido a la mínima expresión gracias al empuje de un equipo que tocaba su mejor sinfonía. El 54-26 del minuto 19 hablaba por sí solo. En seis minutos, los que van del 12 al 18 fue un festival ofensivo sencillamente arrollador con un parcial de 25-4. Pero la luz, como ocurriera ante el Sammic, de pronto, comenzó a parpadear en el último minuto del excelso segundo cuarto antes de apagarse por completo en los cinco nefastos e incomprensibles minutos de la reanudación.

EL Oviedo, como una hormiguita, granito a granito fue haciendo montaña. En ningún momento (ahí está el gran mérito del paciente Carles Marco) se desesperó a pesar de que el ‘baño’ que estaba recibiendo era elocuente.

Pero la fiera que lleva dentro Oviedo, que ayer se presentó en Pisuerga sin dos de sus piezas más valiosas, Barro y Rinkunas, despertó. Y como lo hizo. Un parcial, otro severo parcial desconectó al Carramimbre dos semanas después. Esta vez con un 2-19 que sin querer metió a Oviedo en el partido hechizado por los triples del veterano Víctor Pérez (hermano del ex Fórum Raúl Pérez). El Carramimbre se había transformado en Míster Hyde con la complicidad de Paco García, lento a la hora de pedir tiempo muerto (lo hizo tras un 2-16 y con una falta técnica de propina añadida al banquillo) para cortar de raíz el despertar de su rival. Afortunadamente la sangría quedó ahí, con ese 56-50 que hizo temer lo peor.

El temple del recuperado Alvarado unido a la anarquía ofensiva de Wade-Chatman, mejor como escolta que como base, y la insistencia de Sergio de la Fuente, siempre al rescate, amortiguaron la caída para recuperar el ‘tempo’ del partido (70-55; minuto 32).

Aún así el Carramimbe acabó sufriendo dejándose comer la renta hasta un peligroso 89-86 a falta de 22 segundos. Un tiempo muerto y dos tiros libres de Wade-Chatman, evitaron el caos 91-86.

PÚBLICO Paco García critica la pobre afluencia

Paco García sufrió más de lo esperado. Y no lo hizo solo durante el partido sino viendo unas gradas del Pisuerga desangeladas. «¿Donde están todos los que se subieron al carro del baloncesto del playoff de ascenso del año pasado?, reclamó. El técnico vallisoletano condenó la pobre afluencia ante el colíder. Paco García también elogió el temple de Óscar Alvarado en los momentos calientes del partido calmando los ánimos en plena remontada rival. Por su parte Carles Marco reconoció que su equipo «salió dormido», pecado que le llevó a la condena.

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