ASOBAL
La visita anual para el despiece
El Recoletas aguantó 20 minutos antes de que el intratable Barcelona le pasase por encima (39-25) / Un parcial de 8-0 al final de esta mitad dinamitó el partido / La impotencia defensiva provocó los tiros fáciles de los locales desde 6 metros

El lateral Rubén Río se abre paso entre los especialista en defensa Cedric Sorhaindo y Viran Morros para chutar.-PHOTO-DEPORTE
Cuando la temporada pasada el Barcelona se hospedó en Valladolid para afrontar su partido de Liga, los trabajadores del hotel menos puestos en deporte pensaban que era un equipo de baloncesto.Lo único que les extrañaba eran las medidas a lo ancho, mayores de lo habitual. No a lo alto.
Si a ese grupo de bestias pardas se les inocula una velocidad mortífera, un latigazo en el tiro propio de una ballesta, y piernas y más piernas en defensa, se entiende que la labor de hacerle frente es titánica para un mortal. Y el Recoletas, que además no tuvo su tarde, pertenece a esta categoría. Es mortal y bajito, para lo que se estila en el balonmano de élite continental, pero suple sus carencias físicas con otras virtudes que ayer apenas asomaron por el Palau.
Esta conjunción planetaria depositó el 39-25 en el marcador. 14 goles de diferencia. Ocho más que el dignísimo 41-35 de la temporada pasada. Claro que los de Xavier Pascual no venían entonces de que les untasen el morro en Europa, como hizo el Vardar de Raúl en la Champions. Fue ganando por seis goles y venció al final por 27-24, en la primera derrota de los azulgrana de la temporada. Estos tenían claro que no iban a encajar dos seguidas ante vallisoletanos, y menos rompiendo cuatro años de récord sin perder en la Asobal.
Y eso que el Recoletas entró bien en el partido. Comenzó marcando y aguantó el intercambio de goles, con buenos tiros desde nueve metros. Víctor Rodríguez y Rubén Río sacaban el brazo a paseo, mientras que la abierta y flotante defensa azul ponía en dificultades a los excelentes chutadores locales.
Los pucelanos aguantaron con desventajas de dos o tres goles durante casi toda la primera parte. Pero dos factores rompieron esta buena marcha. El primero fue que el macedonio Ristovski se puso a parar, lo que no lograron ni Javi Díaz ni César Pérez. Vaya en descargo de ambos que todos los goles, menos cuatro lanzamientos de nueve metros y un penalti, llegaron desde la línea de seis metros. Pero los porcentajes son elocuentes. El portero del Barça, que jugó los 60 minutos, tuvo un 37,5% de acierto. Javi Díaz se quedó en el 16,7% y César Pérez, al que el entrenador dio bastantes minutos visto el poco éxito de su compañero, se quedó en un escuálido 11,1%.
El otro factor fueron las numerosas pérdidas de balón. Algunas provocadas por la imposibilidad de encontrar hueco ante un rival grande y móvil. Pero otras debidas a la falta de acierto en el pase, por precipitación o inseguridad. El Barcelona, una máquina también al contragolpe, marcó siete goles mediante esta suerte. Todos los que ejecutó.
Este mejunje hizo que se pasase del 13-10 en el minuto 22 al 18-10 del descanso. Un parcial de 8-0 en menos de ocho minutos que dinamitó el partido.
La segunda mitad nació ya como trámite. Los locales incrementaban ventajas. Fernando, como siempre, Rubén Río y Serdio apuntalaban el ataque visitante. Hubo un amago de reacción cuando se pasó del 24-14 al 24-17, pero ese parcial de 0-3 fue contestado por otro de 3-0. Los últimos 20 minutos fueron ya una feria anotadora en la que el Recoletas, cansado también mentalmente por su remontada al Bidasoa, no podía frenar el poderío físico barcelonista.
Las diferencias se incrementaron hasta la máxima de 15 goles (38-23) a falta de tres minutos, tras un parcial de 5-0. Así se llegó al 39-25 final, en un partido que para los equipos de Asobal es la visita anual a Freddy Krueger. Todos salen despiezados.