Diario de Valladolid

BALONMANO COPA DEL REY

Una Copa de dos sorbos

El Recoletas Atlético desprecia con su dubitativo juego el exigente torneo del K.O. y se jugará el pase en Santander tras ceder un empate en casa

Duelo en el flanco derecho. Pablo Paredes intenta frenar el avance del lateral diestro Roberto Pérez en el duelo copero de ayer en Huerta del Rey.-MARTA FERNÁNDEZ

Duelo en el flanco derecho. Pablo Paredes intenta frenar el avance del lateral diestro Roberto Pérez en el duelo copero de ayer en Huerta del Rey.-MARTA FERNÁNDEZ

Publicado por
Guillermo Velasco
Valladolid

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No es oro todo lo que parece. Y la Copa que antes ilusionaba, la Copa que tantas y tantas alegrías dio al antecesor del Atlético Valladolid, a día de hoy, quita más de lo que pueda aportar. Ayer se demostró en un partido en el que el Recoletas Atlético Valladolid fue una caricatura de sí mismo durante muchos, demasiados minutos. Y es que cuando no se quiere o al menos cuando das sensación de no ir a tope el rival te acaba buscando las cosquillas. Y más si ese rival, igualmente que los vallisoletanos reservando a un jugador, Óscar Río, dejó muy claro que quería beber de esta Copa. Su último gol sobre la campana que forzaba el empate a 23 goles fue la clara muestra, con los abrazos de sus jugadores, que no despreciaban, a pesar de todos los pesares (llámese cansancio, miedo a las lesiones o cualquier otra excusa), la Copa del Rey.

Una Copa, como se vaticinó dos días antes en la previa de ese partido de ida de la tercera ronda, que no se iba a beber de un solo sorbo. El duelo entre vallisoletanos y santanderinos, igualado en la versión liguera jugado hace quince días, tenía a la igualdad como el gran denominador común.

El empate a 23 goles deja todas las espadas en alto para un envite de vuelta que se disputará en Santander el próximo miércoles y que por lo visto ayer, el Recoletas Atlético Valladolid, no arriesgará más de lo necesario sabedor de lo poco que puede ganar apretando al máximo el calendario en el mes de marzo con la cuarta ronda y mucho lo que puede perder en forma de lesiones.

El Recoletas Atlético Valladolid, sin su zurdo Rubén Río (con un golpe desde el partido de Aranda) reservado como medida preventiva, no fue el equipo que acostumbra a verse en Huerta del Rey. Un equipo visiblemente con las pilas agotadas, sin ritmo, errático y con jugadores desactivados o como Dani Dujshebaev tocados por la varita mágica de la apatía.

El Sinfín, como hiciera días atrás en el duelo de la LigaAsobal disputado en Huerta del Rey, demostró ser un equipo tremendamente rocoso liderado por Pablo Paredes, que comenzó como un cohete imparable para después cargar con precisión el juego sobre el pivote. De nuevo como si de un ‘déjà vu’ se tratara los cántabros mandaron en el marcador merced a las dudas y reparto de minutos de un rival en el que afortunadamente Fernando Hernández ejercía de ‘flotador’, aunque seguía llorando la ausencia de un zurdo. Porque Roberto Pérez, pese a su insistencia, no dio con la tecla. Porque con Fernando jugando entre líneas se perdió a Fernando. Y porque jugadores que debieron dar un paso hacia adelante ayer como Alfonso de la Rubia dejaron claro que su sitio, a día de hoy, es el banquillo.

El punto de inflexión que marcó el partido de ayer se produjo mediada la segunda mitad cuando el Recoletas, dos goles arriba (20-18 y 21-19) no fue capaz de rematar a un rival herido de muerte. Una pérdida, una vaselina muy mal decidida y un penalti errado sirvieron para resucitar al Sinfín en el tramo final del partido. Un tramo final convertido en un carrusel de despropósitos de ambos equipos con un continuo y desmesurado ida y vuelta de portería a portería en el que el conjunto visitante supo sacar mayor tajada.

Esa precipitación no supo ser cortada tampoco desde el banquillo vallisoletano con un flanco izquierdo que jugó con una marcha menos que el resto y que, a la postre, acabó beneficiando al Sinfín.

Los santanderinos, casi sin querer, pescaban en río revuelto con un gol sobre la bocina que les otorgaba el definitivo empate a 23 goles que, sobre el tapete, solo sobre el tapete, les debería valer de cara al segundo y definitivo sorbo de esta eliminatoria de tercera ronda de la Copa del Rey que se beberá en Santander dentro de siete días.

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