Diario de Valladolid

TRES SEGUNDOS

Cómo vender el producto a Carlos Súarez

Publicado por
Guillermo Velasco
Valladolid

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A excepción del fútbol, un fenómeno de masas que lo barre todo, absolutamente todo, incluso teniendo el equipo en Segunda División, el deporte es un negocio vendible como cualquier otro. Todo se reduce a tener el don de saber contar con personas (a ser posibles profesionales) que vean más allá de sus ojos. Porque el gran error de tener en tus manos un producto con la etiqueta de ‘vendible’ y no dar con la fórmula de máxima explotación, está en esas cabezas en las que en la mayoría de los casos sus pensamientos acaban siendo esclavos de la palabra tan de moda en tiempos de crisis como el altruismo, ya sea por convicción, romanticismo o necesidad. El baloncesto, el balonmano y el rugby han sido, son y serán productos que tienen un público focalizado, o lo que es lo mismo, productos para estar en un expositor a la espera de ser consumidos. Solo hace falta imaginación y mentes pensantes (y vuelvo a incidir en la palabra ‘profesional’) capaces de multiplicar su rendimiento. La crisis galopante que vive el baloncesto de elite en Valladolid viene provocada por la incapacidad de sus dirigentes a lo largo de los tiempos.Es difícil acostumbrarse a ver al nuevo club (CBCiudad de Valladolid) intentando flotar en el charco de la LEB-Plata cuando su antecesor el desaparecido (pero todavía activo) CBValladolid fue capaz de surcar grandes mares. Trabajar de forma altruista como hacen los ‘mandamases’ del CBCValladolid, lamentablemente, tiene fecha de caducidad. Porque el romanticismo no es eterno. Y porque cualquier chispa acaba, como ocurrió con la dimisión de Javier Casado, desencadenando un incendio. Es hora de cambiar y de poner rumbo a un deporte, el baloncesto, que siempre gozó de pleitesía en Valladolid. Un producto que sigo pensando es vendible a pesar de todos los pesares que han sacudido y zarandeado al club por culpa de mangantes, aprovechados, y ‘don nadies’. Dejemos que el pasado sea pasado y pongamos una lámpara ya en un futuro prometedor. Un futuro que a lo mejor, ¿por qué no? está en la otra acera, en la del fútbol. El baloncesto, lejos de lo que era antaño totalmente lastrado y condicionado por una aparatosa deuda, tiene su recorrido. Tan solo hace falta estructura y gente con galones, lo que precisamente tiene el Real Valladolid. Carlos Suárez ya echó un cable hace años al baloncesto con un regalo en forma de ‘impuesto revolucionario’ de 600.000 euros sin recibir ni las gracias. Ahora, por muchísimo menos, ejercería de héroe y salvador. Es el único camino, entre otras cosas porque el baloncesto necesita regenerarse con savia nueva capaz de abrir puertas. Otra cosa es que este pensamiento sea compartido por Mike Hansen y compañía.

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