Diario de Valladolid

BALONCESTO

Hara-kiri inaceptable

La esperpéntica puesta en escena del acomodado Ciudad de Valladolid le sentencia en el primer cuarto de su trascendental partido en Tarragona / La derrota le deja casi descendido

Graham-Bell lucha por un ebote ante Gallardo.-PHOTOGENIC

Graham-Bell lucha por un ebote ante Gallardo.-PHOTOGENIC

Publicado por
Guillermo Velasco
Valladolid

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Inaceptable, inadmisible, intolerable. El Ciudad de Valladolid no es consciente de lo que se jugaba en el envite de ayer. Y como prueba basta el botón de un primer cuarto patético en el que quedó sentenciado cuando aún restaban 30 minutos por jugar. El 26-7 del primer acto, con un 10-0 de salida cuando ni siquiera se habían consumido dos minutos de juego, dejaron al descubierto no solo sus carencias sino su paupérrima actitud defensiva que le ha retratado durante los últimos ocho partidos, todos saldados con derrota.

De poco, de nada, sirvió que el equipo viajara un día antes e hiciera noche como privilegio de los grandes. Su alarmante desconexión, sin roles definidos, con un entrenador totalmente desbordado y confundido y con una plantilla anárquica en la que cada uno hace la guerra or su cuenta, puso en bandeja de plata un triunfo que no necesitaba pero que sí pujó por él el CBTarragona. Los dos triples iniciales de Outerbridge y la superioridad en la ‘pintura’ a cargo de Ferrán Torres, abrieron el camino de un plácvido comienzo. Con dos minuitos de juego jugados el equipo de Iñaki Martín parecó arrojar la toalla. Brazos caídos, cabeza baja, sin mensajes de ánimo (apenas se vio a Davichu haciendo corro en la cancha para pinchar en el orgulo de sus compañeros) y poco, muy poco baloncesto. Solo la anarquía de Turi desde más allá de la l´ñinea de 6,75 metros ejerció de flotador para no ser ridiculizados al descanso (45-24). Pero el daño estaba hecho con la nula predisposición defensiva, comenzando con la defensa al hombre balón y terminando por el bloqueo del rebote, de un equipo que optó por no ‘agachar el culo’ dejando claro que el suicidio era su mejor camino.

Tras la imaginable filípica de Iñaki Martín en el vestuario la eación del Ciudad de Valladolid no llegó tras el descanso. Todo lo contrario. Mismos hábitos, mismos errores y misma caída en barrena de un equipo sentenciado. Fue dantesco ver a uno y otro banquillo. El que se jugaba la vida, mudo, el que ganaba por 30, pidiendo más y más a sus jugadores. La puerta del descenso está abierta de par en par. Triste, muy triste.

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