Diario de Valladolid
Publicado por
Arturo Alvarado
Valladolid

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Los idiomas a veces establecen diferencias curiosas para hablar de lo mismo. Entrenador se dice en italiano allenatore, que traducido textualmente significa alineador.

Y no es lo mismo.

No es lo mismo trabajar un equipo, darlo forma, lustre, hondura, sentido, alternativas, pátina y respuesta ante la adversidad, que elegir a once tíos, ponerlos en el campo como si fuese el futbolín, y ver cómo se las componen durante hora y media con el guión proporcionado.

El fútbol sólo se asemeja al teatro cuando algún jugador finge una lesión. En el césped el guión puede ser el mismo o cambiar cada cuarto de hora, O cada cinco minutos. Y hay que tener respuesta para cada problema. Eso es lo que un jugador espera de su entrenador. Que le saque de los líos en que le mete el partido. Lo que no hizo Portugal en Miranda.

No es la primera vez que le ocurre. Resulta descorazonador ver cómo, tras un inicio de toma y daca, el Real Valladolid se desinfla. Primero es una pitera. Después ya es un boquete. Pero el equipo sigue a piñón fijo sabiendo que ha perdido el centro del campo, que las líneas están a kilómetros, que el Mirandés se anticipa a los movimientos que espera del rival, y que los suyos, que también deberían estar previstos, hacen mucha pupa.

Terrazas le dio un baño táctico a Portugal. Porque los partidos no siempre los pierden los jugadores. A veces, muchas más de las que ellos mismos pueden imaginarse, los arruinan los entrenadores. Sobre todo si no buscan alternativas.

No es necesario estudiar a Sun Tzu ni las tácticas de Aníbal para saber qué debe hacerse si a un equipo en 4-4-2 se le indigesta otro en líneas de tres que le come el centro del campo. Aunque a las formaciones las hacen buenas los jugadores y su actitud. Pero es muy triste ver a un equipo que quiere, que posiblemente habrá corrido más que nunca, y que no encuentra un asidero táctico para capturar la victoria.

Este equipo es como un restaurante especializado, porque su entrenador sólo parece saber cocinar un estilo. Si juega de poder a poder, o a la contra, todo va perfecto. Si le presionan, le intentan aturdir o se le anticipan, se bloquea.

¿Y cuál es la respuesta a ese bloqueo? No existe. Dios proveerá. El tortazo. Puro fatalismo sin voluntad de corrección, pues el propio técnico augura que no será el último.

Ayer le pregunté a Roger por lo que les dijo Portugal en el descanso pensando en esta opinión. Y la respuesta me acojona más que el 4-1. «Que juguemos como sabemos». Competir es arreglar los problemas que crea el rival y plantearle tú otros mayores. Lo contrario de Miranda.

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