Diario de Valladolid
Publicado por
Arturo Alvarado
Valladolid

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La derrota del Real Valladolid se cocinó en la olla de Pérez Pallas pero con el fuego avivado por el damnificado. Como si el explorador metido en la marmita del chiste les diese el mechero a los de la tribu para prender la leña.

El árbitro fue capital para explicar el resultado. Introdujo al Pucela de cabeza y bien atado, como una langosta. Y no creo que fuese por parcialidad, sino por falta de calidad. Esto es Segunda y lo es para todo. El gallego no se enteraba de una, todo le pillaba de espaldas y ralentizaba cada saque de balón parado hasta la extenuación. Osasuna no quería jugar al fútbol y encontró en él al mejor aliado.

En las sanciones no fue ecuánime. Aplicando el exigente criterio con que envió a Silva a los vestuarios (difícil dar un codazo cuando se salta con el brazo extendido), Loties debió tomar el mismo camino. Cada entrada suya contenía pinceladas de amarilla, hasta la traca final, que quedó sin castigo cuando ya tenía una amonestación. Pero Martín estuvo rápido y el francés se fue al vestuario con bola extra.

No fue un caso aislado. Osasuna rascó. Y bien. Pero se llevó menos tarjetas, que el Valladolid por protestar.

Para el equipo navarro es su forma de juego, en una Segunda que parece esta temporada volver al pasado, menospreciando la calidad de los últimos años. Cómo estará para que un fútbol de reminiscencias paleolíticas abandere la tabla. Y no vale la excusa presentada de forma velada por su técnico de que no se puede jugar a otra cosa con lo que hay. Siempre se puede jugar al fútbol.

Pero al árbitro no le podemos cargar hasta con lo de la pasarela de la Pilarica. No tiene la culpa de que Juanpe despeje como si se quitase de encima una merluza mojada y Samuel no sepa controlar un balón blando. Lo del primero es para una tesina. En el club tienen mucha confianza en su progresión, pero por ahora es un jugador que está en todas las desgracias que se producen en el área. Despejar a tres metros de la portería fofo, casi en paralelo y con un rival cerca, en vez de mandar la pelota a Tombuctú de una patada o de hacer algo mucho más sencillo, como es enviarla a córner, equivale casi a una asistencia. Y lo peor es que el ex racinguista será titular el domingo en Lugo antes las bajas de Samuel y Silva por sanción.

Tampoco tiene Pérez Pallas la culpa de que los blanquivioleta no metan un gol ni al arco de Wembley. Ni de que se empeñen en el primer cuarto de hora en jugar por el centro, donde Osasuna colocó la mayor parte de efectivos de su alineación defensiva. Ni de que Portugal diese entrada a Óscar y Alfaro, tan capacitados como faltos de forma, con la explicación de que buscaba llegadores. Con seis jugadores rivales metidos en el área, llegar se daba por descontado. Lo necesario era rematar. Y para eso, como el propio nombre indica, hacen falta rematadores. O sea, Diego Rubio.

Puede que el chileno sea muy malo. O que no le guste al míster. O lo que sea. Pero en los entrenamientos, sin ser una maravilla, las enchufa que da gusto, con potencia y puntería. El domingo tampoco estará Rodri, por tarjetas. Si no jugó ayer y no lo hace en Lugo, es como para que se plantee hacer las maletas en diciembre. Por cierto, en Zaragoza hubo ayudita arbitral. No lo olvidemos tan pronto.

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