REAL VALLADOLID
Obra de arte para ganar autoestima
Los blaquivioleta abrieron el marcador ante el Mirandés con un gol colectivo que hubiese firmado cualquier gran equipo
Villar es felicitado por Hermoso y Del Moral tras culminar el mayestático gol colectivo ante el Mirandés.-J.M. Lostau
El equipo al que le costaba hilvanar dos pases seguidos, aunque fuese a cuatro metros, explotó de repente. Quien sólo parecía capaz de pintar monigotes plasmó una obra de arte que hubiese firmado cualquier gran maestro de fama mundial. Si la jugada del 1-0 de domingo en Zorrilla (cuántas veces se ha dicho y cuántas se repetirá) la hubiese protagonizado el Real Madrid o el Barcelona, hubiese rivalizado con la coz de Rossi a Márquez en número de visionados.
Pero el protagonista de esta obra maestra se llama Real Valladolid. Doble mérito. El primero, porque se trata de un equipo de Segunda, fuera por tanto de la élite mundial, con jugadores de un nivel menor a los que protagonizan los cambios de cromos.
El segundo, porque es además un equipo en crisis deportiva con una falta total de autoestima. Dos zonas de arenas movedizas de las que quiere zafarse pero que pasaban factura en el juego. Lo dicho. Dar un pase en las últimas semanas era como enviar una carta con tirachinas. La posibilidad de que llegase al remitente era remota.
Hasta que llegó la jugada perfecta. Minuto 14 del Real Valladolid- Mirandés. El equipo local se hace con el balón en su zona izquierda, gracias a su defensa adelantada. Lo mueve en paralelo hasta llegar a la diestra. Chica es el encargado de administrarlo. Ocupa la zona entre el mediocentro adelantado y el antiguo pasillo del 8. Una posición inadmisible para un lateral, sólo una jornada antes.
El catalán levanta la cabeza, escruta el panorama y la vuelve a bajar para ser preciso en el pase a Villar. El onubense, en la zona del extremo derecho, se la da al primer toque a Leão, que se desmarca hacia la banda desde el interior. La afición comenzaba a frotarse los ojos. No sólo ve al portugués en la zona de ataque sino que presencia una acción de fútbol rápido, bonito y eficaz. ¿Qué pasaba?
Que faltaba lo mejor. Leão amaga con irse hacia el córner pero realiza una revolera con el cuero y, en esa media vuelta, se lo manda a Villar, que ya había ocupado ese pasillo interior. Juego en movimiento. El extremo encuentra un nuevo socio en su camino. Se apoya en Rodri, que realiza un vertiginoso desmarque dentro-fuera, ya en el área. El delantero centro no toma rumbo hacia la esquina sino que engaña a todos con un certero pase de tacón. Villar, en carrera como un búfalo, lo recibe al borde del área pequeña para fusilar a Raúl.
Zorrilla rompió a aplaudir como en los viejos tiempos. Quizá sea imposible repetir un gol tan bello, pero no el camino de asociación y desmarques que lleva a certificarlo.