Diario de Valladolid
Publicado por
Beatriz S. Olandía
Valladolid

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Los culturetas y puristas de este país acostumbran a hablar de ‘pan y circo’ para referirse al fútbol y el efecto que sus mentes privilegiadas otorgan al balompié sobre el resto de los mortales; una forma de masificar un insulto hacia quienes disfrutamos de este deporte.

Igualarnos a la baja con quienes acuden a un partido al servicio de sus más bajos instintos, pasándose por la intelectualidad a los que vemos este, y cualquier otro deporte, como un entretenimiento. Ni más ni menos. Sin embargo, voy a tomar prestada la referencia al mundo romano a raíz de una curiosa sensación que me invade a menudo cuando acudo al estadio José Zorrilla. Miles -pocos, pero miles- de personas fijando sus ojos en un puñado de tíos que van de un lado a otro detrás de una pelota los más, manejándola los menos. Tiene mucho de juicio sumarísimo un partido de fútbol, con todos los ojos clavados casi de forma literal sobre la espalda de los jugadores. Y a cada par de ojos, una opinión, una sentencia y una condena.

Sin embargo, lejos de la soledad que pudieran experimentar, por ejemplo, los gladiadores que se enfrentaban a vida o muerte entre ellos, los jugadores al menos se tienen los unos a los otros. Una reflexión del técnico Gaizka Garitano en rueda de prensa la pasada semana me hizo caer en la cuenta de la soledad del entrenador, enhiestos en la banda, lidiando cada uno a su manera con un show en el que tienen una curiosa misión: contribuir al éxito sin poder cortar el bacalao. Y con la extraña circunstancia de que rara vez los éxitos recaen sobre su espalda, no así los fracasos, culpa -parece- siempre del míster: «Los entrenadores se animan solos» porque, en realidad, no tienen a nadie más, añado yo.

El entrenador blanquivioleta se la jugaba antes de tiempo este domingo porque ni el equipo está donde tiene que estar ni hace lo que tiene que hacer, que es ganar. A estas alturas, al Real Valladolid ya no se le exige un buen fútbol, sino que se espera de él resultados, victorias; y lo peor de todo es que cuando esos puntos lleguen, lo que querremos entonces es el jogo bonito vestido de morado. En términos futbolísticos somos como la gata Flora.

Nadie tiene la capacidad de saber cuál es la solución para este equipo que, para colmo, firmó ayer uno de sus mejores encuentros -y se perdió, ese es el nivel...- El fútbol de Garitano no ha terminado de funcionar, bien porque no se ha sabido poner en práctica, bien porque no sea esa la senda que este Valladolid ha de seguir. La única lectura positiva de todo esto es que aún hay tiempo para rectificar... sea lo que sea lo que ello signifique.

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