Diario de Valladolid
Publicado por
Arturo Alvarado
Valladolid

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Pensé que los partidos que debía jugar el Real Valladolid para subir eran los de la promoción, pero parece que la fase previa enfrenta al equipo con su afición. Lo mejor es disputar cuanto antes este duelo y dejarlo en tablas, que en este caso no supone un punto para cada uno sino la victoria por goleada para ambos.

Algunos criticarán a Rueda por las palabras del artículo de arriba. No estoy de acuerdo con varias de sus afirmaciones pero me parece estupendo que las diga. Si nos quejamos de las respuestas tópicas, muchas veces provocadas por preguntas tópicas, valoremos que un futbolista diga algo que realmente piensa y que además tiene sustancia.

El público de Zorrilla no es el del Molinón ni el del Villamarín. Para lo malo pero también para lo bueno. Rubi, que se las ha tirado también alguna vez a la afición, posiblemente habría acabado ya en el pilón si entrenase a Betis o Sporting.

Aquí se ha quejado a la mínima de presión. Cosas de entrenador pollito. Si dirigiese en Sevilla o Valencia, sabría de verdad lo que es la presión. El fútbol profesional es Mad Max y Valladolid es una plaza en la que como mucho te dan un empujón para tirarte al suelo. Más vale que el míster empiece a agradecer la sempiterna frialdad castellana.

Nunca me han gustado los periodistas tribuneros que dan la razón a la grada sólo para pasear tranquilos por la calle. Silbar al equipo durante el partido, por ejemplo, me parece penoso. Y lo he escrito en este rincón. En vez de ayudar, dificulta. Pero Zorrilla, que fue beata con JIM, despedido con escasos pitos y sólo durante el partido del descenso, lleva camino de la santidad con Rubi.

La gran y creciente frustración del grueso de la grada reside en que cree que hay mucho más equipo que lo que indica un juego rácano, ramplón, cambiante e ineficaz. Es como dar ingredientes para un plato de restaurante de tres estrellas y que el cocinero sólo sepa hacer un bocadillo. Parte de la afición ha optado por irse; otra, por callar, y una cada vez más creciente, por gritar a los cuatro vientos su frustración. Si se aburre y no ve juego más que a brochazos, no se puede pedir que se rompa las manos a aplaudir.

Dicho esto, en dos semanas comienza una nueva etapa en la que a mi juicio lo más inteligente es poner los contadores a cero. Serán, ojalá, dos partidos en Zorrilla en los que un equipo melancólico y errabundo necesitará más que nunca el apoyo de su hinchada. Y es mejor ser el jugador número doce que el rival inesperado que ponga una zancadilla. Por mucho que cueste estar de parte de alguien que se toma cuarenta jornadas como una pretemporada para cambiar de forma de juego al final. ¿O es que nos deja lo mejor para los postres?

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