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La liga de los malos
«En Segunda hay mucha igualdad». Con esta frase, muchos jugadores y entrenadores disfrazan la baja calidad de la competición. Si les sirve de consuelo, añadiré que en la llamada ‘Liga de las Estrellas’ abundan los tuercebotas, futbolistas que no tienen nivel para competir en la categoría.
Uno entiende que no es tarea sencilla frenar a las grandes figuras del Barça y del Madrid, o de otros equipos que siguen su estela en la clasificación, pero los reiterados fallos que cometen la mayoría de los jugadores ante rivales de poca entidad dejan al descubierto sus limitaciones.
Será mejor que los entrenadores que dirigen a los equipos juveniles, cadetes e infantiles no muestren a los chicos los resúmenes de cada jornada. Hay aspectos que se aprenden cuando uno es chaval y no deben olvidarse nunca. En Segunda División, ‘La Liga de los malos’, hay multitud de futbolistas que no llegan a la altura del nivel básico. Lo más lógico es que compitiesen en Segunda B, una categoría más acorde con sus reiteradas patadas al viento, despejes equivocados y conceptos mal entendidos. Y hablamos de señores que entrenan cinco días a la semana.
Esta peculiar Liga que nos ocupa ofreció resultados pintorescos en su última jornada. Al Betis le metieron tres goles en el Benito Villamarín, y el rival era el Leganés; el cándido Numancia que fue visto y no visto en Zorrilla hace dos semanas le clavó cuatro a Las Palmas; Sporting y Girona fueron incapaces de ganar en sus respectivos feudos a Recreativo y Sabadell, ambos situados en la zona de descenso, y el Valladolid se sumó al descalabro en Ponferrada y dejó escapar la ocasión de convertirse en el nuevo líder.
Los favoritos al ascenso se dejan puntos en el camino, algunos futbolistas comienzan a pagar las consecuencias de una exigencia e intensidad a la que no están acostumbrados y los entrenadores miran al banquillo con más frecuencia que nunca al ver cómo está el panorama en el césped.
Se avecinan cambios en el Valladolid. Uno de los gallitos no puede encajar tres derrotas consecutivas fuera de casa con un balance de ocho goles en contra y ninguno a favor. La sensación que ha dado el Valladolid resulta calamitosa. En los momentos trascendentales de los partidos apenas ve el balón, es incapaz de dar tres toques seguidos y consigue que el portero rival sea un espectador más.
Rubi acaba de dar un toque a la plantilla. Aunque defienda a los jugadores y diga alto y claro que el problema no es de actitud, el mensaje lanzado ayer busca una respuesta inmediata. Avisa de los cambios frente al Girona, pero lo hace antes de la visita del Albacete a Zorrilla. Los inquilinos del banquillo tienen otra oportunidad. El tren que conduce a Primera División está obligado a llevar pasajeros de primer nivel.