Isidro de Villoldo y Juan de Anchieta se instalan en el Museo Nacional de Escultura
El Estado adquiere para el Colegio de San Gregorio, por 80.000 euros, dos tallas policromadas de los imagineros del siglo XVI que representan una 'Lamentación' y un 'San Andrés'
Colegio de San Gregorio. Museo Nacional de Escultura en la calle Cadenas de San Gregorio desde la plaza de Federico Wattenberg del barrio de San Pablo.- J.M. LOSTAU
Si el pasado mes de febrero el Ministerio de Cultura adquiría ejerciendo su derecho de tanteo en subasta, entre otras obras, un Cristo en la cruz atribuido al guipuzcoano Juan de Anchieta (1533-1588), maestro romanista, ahora vuelve a adquirir a un particular una nueva talla del maestro, que entre 1564 y 1569 fijó su taller en Valladolid, donde entró en contacto con Juan de Juni o Gaspar Becerra.
Se trata de una talla de madera policromada y dorada que representa a San Andrés, realizada en el último tercio del siglo XVI.
La pieza llegará además al Colegio de San Gregorio acompañada de otra talla: una Lamentación, de mediados del XVI, surgida de las gubias de Isidro de Villoldo.
El Estado ha desembolsado 80.000 euros para hacerse con las dos obras para enriquecer los fondos del museo vallisoletano.
Una Lamentación que se suma al relieve Milagro de San Cosme y San Damián, de mediados del XVI, que también se conserva en el centro estatal procedente del Convento de San Francisco. «Aunque es uno de los mejores discípulos de Alonso Berruguete, con una personalidad propia a la hora de interpretar sus préstamos formales, no se conocen muchos datos de su vida», advierte el profesor de Historia del Arte de la Universidad de Valladolid Jesús María Parrado del Olmo. Una biografía en sombras, partiendo de su posible origen, quizás en Palencia. «Hay en él un refinado trabajo del relieve, en lo que hereda la tradición abulense. Muy manierista es su tendencia a llenar los espacios con figuras que crean una sensación de angustia espacial, lo mismo que la tendencia miguelangelesca a la apropiación espacial, a través de la direccionalidad contrapuesta de sus líneas compositivas. En las trazas de sus retablos hay rasgos manieristas en el tipo de decoración o el uso extravagante de algunos elementos», matiza el historiador, autor de Los escultores seguidores de Berruguete en Ávila. Fue en Ávila donde aparecen las primeras noticias de Isidro de Villoldo, en 1538, donde fue llamado para trabajar en una silla alta y otra baja del coro de la catedral.
Isidro de Villoldo murió en 1556 en Sevilla. Suya es una Piedad o Llanto sobre Cristo muerto que se puede apreciar en el Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid.
De Juan de Anchieta (1533-1588), el Museo Nacional de Escultura puede presumir de poseer dos esculturas en alabastro de San Juan Crisóstomo y de San Onofre, además del citado Cristo en la cruz. «Su formación artística fue castellana», señaló en su día, sobre el maestro de Azpeitia, la catedrática emérita del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Navarra María Concepción García Gaínza. Tutelado por su hermano Miguel de Anchieta, y por el imaginero de Medina de Rioseco Antonio Martínez. «Este contacto vincula al joven aprendiz vasco a la pujante villa de los Almirantes, célebre por sus ferias y mercado, y lugar de asiento de mercaderes, banqueros y cambistas. La colaboración en las obras de su maestro le introduciría en el ambiente artístico vallisoletano cerca de Inocencio Berruguete y del gran escultor Juan de Juni, quien conoció y estimó en gran manera el arte de Anchieta». En Valladolid conoció a Gaspar Becerra, «impulsor de un nuevo concepto de arte basado en la Roma del momento», que llamó la atención del prometedor escultor vasco, que acabaría convertido al romanismo miguelangelesco, del que fue su principal difusor.