El último discurso

Karra Elejalde caracterizado como Unamuno en ‘Mientras dure la guerra’.-
El 12 de octubre de 1936 el filósofo español se enfrentó con el general Millán Astray en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, un momento histórico lleno de mitos que el bibliotecario Severiano Delgado desnuda en su libro Arqueología de un mito.
Ese día, el sonido de los disparos hacía eco por toda España y la tensión paseaba por las calles plagadas de militares, donde los ciudadanos intentaban aparentar una ficticia normalidad. La Guerra Civil había explotado. Sobre este escenario interpretó sus últimas palabras Miguel de Unamuno. El rector de la Universidad de Salamanca pasó los últimos días recluido en su domicilio hasta su muerte el 31 de diciembre, casi en un silencio impuesto por sus hijos, que le suplicaron que pusiera freno a su oratoria después del revuelo causado ese día en el paraninfo.
Detrás de la historia se esconde el mito y, detrás de éste, la realidad; un viaje al pasado en el que Severiano Delgado adopta el papel de guía. El historiador y bibliotecario de la Universidad de Salamanca lleva años buceando por la historia salmantina, donde Miguel de Unamuno es un punto de obligado paso y al que radiografía en su libro Arqueología de un mito (Silex ediciones).
El artículo Unamuno´s last lecture de Luis Portillo confundió a la historia: «Portillo no quería hacer una recreación objetiva, porque no estuvo allí, sino hacer una idea de lo que podía haber dicho. Puso al anciano héroe enfrentándose a un cíclope. Puso primero el discurso de Millán Astray, que no existió, para después poner el de Unamuno. A la gente le encanta, porque es más bonito que lo que pasó en realidad. Hubo un alboroto y nadie se enteró muy bien de lo que había pasado», asegura.
La intervención del rector no se pudo grabar, alzó la voz sin el micro delante. Ocho versiones de lo ocurrido -presentes en Arquitectura de un mito- sirven para reconstruir la realidad. «Fue un acto sumamente aburrido». El bibliotecario explica que el ‘Vencer no es convencer. Para convencer hay que persuadir’, fueron algunas de las palabras que salieron de sus labios como un volcán, como lo hicieron en otras ocasiones. Sin ir más lejos, unos pocos días antes se las hizo llegar a Francisco Franco en la reunión que mantuvieron en el Palacio Episcopal de Salamanca.
El padre de la Legión, Millán Astray, sólo levantó la voz cuando Unamuno puso como ejemplo a José Rizal, héroe de la independencia de Filipinas. Fue entonces cuando entonó ‘Muera la intelectualidad traidora’, disparo de advertencia que desató el caos en la sala y diez minutos para la historia. «No fue una réplica a ningún discurso. Millán Astray explotaba como un volcán y a los minutos se le pasaba. Hay testigos que aseguran que a la salida se despidió de Unamuno. Para Astray acabó ahí, pero a Unamuno le costó caro -le echaron de la Universidad, del Ayuntamiento y estuvo en arresto domiciliario-».Unamuno no pudo responder al cañonazo verbal del militar: «Algunos militares empezaron a montar las armas. Astray ordenó a Unamuno que cogiera del brazo a Carmen Polo y saliera», relata. Sin embargo, el escritor tenía en su poder una coraza de prestigio que le hacía casi intocable. «Si a Unamuno no le pegaron un tiro o le metieron en la cárcel fue porque era una persona con un tremendo prestigio y Franco no podía permitirse perder crédito ante la opinión pública católica de Europa. En aquellos años mataban a gente por mucho menos de lo que dijo Unamuno».