«En el escenario todo me sobra, excepto la palabra»
Rafael Álvarez ‘El Brujo’ llega el sábado y el domingo al teatro Zorrilla con ‘Esquilo, nacimiento y muerte de la tragedia’, un monólogo cómico en clave contemporánea en el que baja a la tierra los mitos clásicos

-SERGIO GONZÁLEZ VALERO
Juglar, cómico, histrión, bufón, observador, filósofo, actor. Rafael Álvarez El Brujo (Lucena, Córdoba, 1950) vuelve a hacer su conjuro este fin de semana en el teatro Zorrilla. Esta vez baja a la tierra los mitos clásicos con Esquilo, nacimiento y muerte de la tragedia, un monólogo en el que, tomando como excusa la tragedia griega, desmenuza en clave contemporánea y con mucho humor el destino, la conciencia, la filosofía o la religión. Juega con Esquilo y la tragedia sin aderezos, con la única compañía de la música, de la palabra y de sus reflexiones. La cita es este sábado a las 20,30 horas y el domingo a las 19,00 horas.
Pregunta.– Usted que ha subido a las tablas textos de Santa Teresa, de San Juan de la Cruz, que se ha transmutado en el Lazarillo de Tormes, en asno parlante, que se ha arrojado a los brazos del misticismo y de la meditación llega este fin de semana al teatro Zorrilla con Esquilo, nacimiento y muerte de una tragedia. ¿Qué le ha llevado ahora hasta Grecia y hasta el siglo V a.C?
Respuesta.– Siempre me he sentido atraído por el espíritu de la tragedia griega. He querido analizar la tragedia a través de la visión de un cómico, que es lo que yo me considero. En este caso, en particular, me enamoré de Esquilo y me inventé otro Esquilo.
P.– Una versión que ofrece una mirada cómica de las tragedias griegas. ¿Es el humor el mejor bálsamo?
R.– No siempre. Pero yo me he bañado en el manantial de la tragedia griega con el pretexto de crear este espectáculo desde la mirada de un cómico español que ha sobrevivido para hacer reír.
P.– ¿Y cómo se bajan a la tierra y se acercan al siglo XXI los mitos de una tragedia clásica? ¿Qué referencias utiliza en la obra?
R.– El arte es clásico cuando nace de un respeto profundo hacia lo que uno hace, más allá del resultado final. Por lo tanto, la tragedia es constante en todo tiempo.
P.– En un momento del monólogo hace referencia sl tema de ‘La Manada’. ¿Qué se ha hecho mal para llegar hasta estas situaciones?
R.– El machismo anclado en las mentes retrogradas. Estaba y sigue estando presente en las bases de nuestra educación, algo que debe cambiar definitivamente.
P.– «Ni aún permaneciendo sentado junto al fuego de su hogar puede el hombre escapar a la sentencia de su destino», dice Esquilo. ¿Estamos predestinados o somos dueños de nuestro destino?
R.– Nada importa. Todo está en el universo. Somos minúsculas partículas en un grandioso baile, donde no habrá final.
P.– A Esquilo se le considera el primer trágico griego... ¿Quizá también tiene algo de místico?
R.– Quizás la inocencia es lo que más les asemeje. Yo lo percibí en Prometeo encadenado.
P.– Siempre ha buceado en textos clásicos procedentes de todas las culturas y religiones. ¿Le ha servido para entender mejor el momento que vivimos?
R.– Sí. En particular, Paramahansa Yogananda, a quien considero mi maestro. No dejo pasar un sólo día sin dedicar unas horas a la meditación. No sólo entiendo mejor el momento que vivimos, si no que me entiendo mejor a mí mismo y a los demás.
P.– En su obra, Esquilo muestra el sufrimiento humano y una fuerte creencia en la justicia de los dioses. En la actualidad, parece que esa justicia, divina o no tan divina, tarda bastante en llegar. ¿Es barato equivocarse?
R.– La sociedad siempre va por delante. La justicia va por detrás.
P.– Esquilo decía que pocos hombres «tienen como natural inclinación el rendir homenaje, sin un cierto movimiento de envidia, al amigo que consigue el éxito». Tantos siglos después parece que todo sigue igual...
R.– Sí. Lamentablemente, la envidia es nuestro deporte nacional por excelencia.
P.– En sus espectáculos siempre utiliza escenografías muy simples dando todo el protagonismo a la palabra. ¿Corre peligro el verbo?
R.– Después de tantos años en el escenario, todo me sobra, excepto la palabra y el arte que conlleva transmitirla, pero cuido mucho todo el entorno de esta palabra.