Marcos captura la fuerza y el fulgor de los castillos
Poetas como Mestre, Gamoneda o Jiménez Lozano prestan su voz a ‘Noches de piedras y lunas’
Una imagen del castillo de Fuensaldaña que forma parte de ‘Noches de piedras y lunas. Castillos de la provincia de Valladolid’.-ÁNGEL MARCOS
Fue en mayo de 2016, cuando Ángel Marcos (Medina del Campo, 1955) comenzó un proyecto por el que llevaba varias décadas suspirando, desde que cayó en sus manos un trabajo de Reinhart Wolf en el que retrataba Castillos de España (El Viso, 1982). Un proyecto que acabó convirtiéndose en un «viaje íntimo, nocturno y solitario» y cuyo fruto acaba de ver la luz con la publicación de Noches de piedras y lunas. Castillos de la provincia de Valladolid, que el artista presentó ayer en el Teatro Zorrilla acompañado por muchos de los poetas que han arropado con su voz las fotografías tomadas por el autor de series como Los bienaventurados o La chute.
«Aquel libro de Wolf me enamoró», evocó Marcos en declaraciones a este diario antes de la presentación. «Quise fotografiar estos castillos de noche con su propia luz y con la que yo podía aportar para conseguir la imagen que quería, de forma muy artesanal con apenas los faros del coche y unos flashes de mano, porque la noche le iba a dar coherencia al proyecto, unicidad. La luna, aparte de ser un elemento sensitivo fuerte, era la compañera que me posibilitaba el trabajo:no sólo me permitía fotografiar las fortalezas, sino llegar hasta unos lugares que no siempre eran fáciles de encontrar», matizó el fotógrafo, que quiso atrapar con su lente las texturas de las piedras, su riqueza y su deterioro, su entorno... «No quería un fulgor romántico, sino mostrar la contundencia de las piedras. Era como hacer una regresión, como volver a esas formas protectoras o amenazadoras», detalló Ángel Marcos.
El trabajo en la oscuridad, con la única compañía de Félix Llanos, asistente de fotografía, brindó al fotógrafo vivencias que hubieran sido imposibles a la luz del día. «Uno no puede imaginarse lo que es estar en un castillo perdido por Tierra de Campos, con la única compañía de los perros ladrando, en una primavera apabullante o en uno de esos inviernos que cortan la tierra con el frío. Es como una especie de autoreconocimiento. He querido ser un viajero descubriendo lugares que siempre me han traído muchos recuerdos: en Medina del Campo el castillo es presencia ineludible, compañera de juegos y misterios. Es cierto que la cotidianidad lo vulgariza todo, le quita a las cosas lo que tienen de maravilloso. Pero esas piedras están ahí, y nuestra memoria y nuestro sentido de pertenencia pasan por mantenerlas en pie», reivindicó.
Marcos retrató castillos consolidados y restos de fortalezas amenazados por la ruina y el paso del tiempo. «Quería hacer un tránsito entre el pasado y un futuro incierto. No me atrevo a decir cómo se han de mantener, no sé si es posible, pero si se me permite un consejo invitaría a observarlos de noche. Ayudan a entender lo que somos, y es algo que agradezco de esta experiencia», afirmó.
‘Miro los muros donde se hizo fuerte / la furia y era inexpugnable el llanto. / Hordas de salvación, torres de espanto: / ¡Cuánta historia mentida, cuánta muerte!’, escribe Antonio Gamoneda. El suspiro del poeta queda prendido de las páginas de Noches de piedras y lunas. Castillos. Oscuridad. Astros en el firmamento. Elementos siempre sugerentes, evocadores, poéticos... inspiradores para tantos y tantos escritores. Cuando Ángel Marcos terminó de retratar los 44 castillos dispersos por Valladolid, concluyó que la poesía debía ser parte del libro también. «Los poemas no debían ensalzar las imágenes, y estas no debían ser meras ilustraciones de los textos. Debían formar un todo», subrayó el autor. Y, así, fueron ‘habitando’ las fortalezas vallisoletanas vates de ayer y hoy como Rosa Chacel, Francisco Pino, Juan Carlos Mestre, Antonio Colinas, Clara Janés, Luis Alberto de Cuenca o los Premios Cervantes José Jiménez Lozano y Gamoneda.
Noches de piedras y lunas para retener la estampa de 44 fortalezas, castillos que «sugieren que han visto tantas vidas, tanta vanidad y menoscabo, gloria o irrisión y vida y muerte, que nos hacen sentir nuestra existencia y la vida de la historia apenas como un simple eslabón de una cadena, en la que el tiempo está amarrado», como apunta Jiménez Lozano en el prólogo del libro. Algunas de esas estampas se expondrán en el Museo de los Castillos, que se inaugurará el 14 de febrero en la fortaleza fuensaldañesa.