RICARDO INIESTA. FUNDADOR Y DIRECTOR DE ATALAYA
«Hasta Auschwitz no se hacía íntegro ‘Lear’ por su dureza»
La compañía andaluza, Premio Nacional de Teatro, estrena hoy en el Olmedo Clásico (23.00 horas) un ‘Rey Lear’ protagonizado por Carmen Gallardo. Una historia de brutal desamparo
Ricardo Iniesta.-EL MUNDO
‘No debías haberte hecho viejo hasta haber sido sensato’, espeta el bufón al viejo monarca, cuya ceguera, soberbia y falta de tino están a punto de provocar el final de todo cuanto construyó. Vuelve a la Corrala del Olmedo Clásico (23.00 horas) Atalaya, Premio Nacional de Teatro, para levantar en toda su crueldad el drama del Rey Lear. Dirige Ricardo Iniesta.
Pregunta .– ¿Volver a Shakespeare tras el éxito de su Ricardo III dificulta el reto?
Respuesta .– El habernos adentrado en el universo de Shakespeare saliendo adelante con nota, según críticos y expertos, era algo a favor. Lo cierto es que Rey Lear es una obra muchísimo más rica, compleja y difícil. En estos diez años, desde aquel estreno, hemos subido unos cuantos ochomiles, como estrenar en el Centro Dramático Nacional... Son retos que suponen mayores compromisos y que ponen el listón muy alto.
Por los resultados vistos con los primeros ensayos con público estamos muy contentos, aunque el preestreno en Olmedo contará con la dificultad de no poder montar el día antes para probar las luces, por ejemplo.
P .– Soberbia, envidia, ambición, ignorancia... Rey Lear compendia las debilidades humanas. ¿Fue lo que les inclinó a llevarlo a escena?
R .– Para mí, y era algo que ya intuía antes de abordar la obra, Rey Lear está en otra dimensión: es la gran obra del teatro universal. Muchos críticos así lo dicen. Hasta 1945, cuando se descubre Auschwitz, no se llevaba a cabo en toda su dimensión por su dureza, por cómo muestra la terrible crueldad del ser humano. Se hacía de una manera atemperada. Después de la guerra, cuando se vio hasta dónde podía llegar el ser humano, se empezó a montar íntegra con Peter Brook.
Y luego están su enorme humanismo y su toma de postura con los desarrapados y en contra de los poderosos. Shakespeare es un autor muy político, pero esa toma de conciencia social en favor de los menesterosos no la tiene ninguna otra obra suya. Eso también jugaba en su contra. Es un texto revolucionario.
P .– Cuando Kent dice a Lear que fuera hay libertad mientras que con él está el destierro... ¿Hay lazos, ya sean familiares, políticos o patrióticos, que se vuelven cadenas?
R .– Totalmente de acuerdo. Muchas veces se ha presentado la historia de Lear como un asunto de familia, pero eso es reducirlo a un culebrón. Hay implicaciones sociales, políticas y hasta universales. La familia es una metáfora. La obra de Shakespeare habla de tres niveles de caos: el que sobreviene en una familia, el que alcanza a todo el conjunto de la sociedad, y el que llega a la propia naturaleza y al cosmos.
Todo está entrelazado: los eclipses y tempestades llevan el caos al resto.
Hoy el hombre influye en todo lo que ocurre en el planeta. Pensemos en el cambio climático: esas tempestades que se desencadenan por su efecto influyen en el hombre.
P .– Los lazos familiares no se pueden eludir. Carmen Gallardo encarna al rey iracundo. ¿Cree que el abandono de los hijos, que desahucian al rey, remueve más las entrañas de una mujer?
R .– Nuria Espert y Glenda Jackson ya encarnaron a Lear. En los ensayos nos ha dicho el público que se llega a olvidar de que es Carmen quien da vida al rey. Tiene sus actitudes. Creo que los hombres estamos más limitados: las mujeres son mucho más ricas en cuanto a las perspectivas que ofrecen, porque pueden ser terriblemente crueles y despiadadas, tanto como un hombre, pero la sensibilidad plena que pueden transmitir no la tenemos nosotros.
La debilidad de este Lear anciano podría representarla un actor anciano, un octogenario, pero no un hombre de 60 años, por ejemplo. La extrema fragilidad que muestra Carmen al final tiene un poder y una capacidad de conmoción, de provocar tal compasión, que dudo que pudiera hacerlo un hombre con tanto convencimiento.
Tenía previsto que Lear lo encarnase Manuel Asensio, protagonista de nuestro Sade. Por un problema de salud el papel fue para Carmen y todo el mundo, incluido Manuel, lo ha celebrado. Nunca hubiéramos podido darle al personaje esa extrema fragilidad final que le da ella, cuando parece casi un niño de cristal, que también es capaz de mostrarle como un déspota y un tirano, con una fuerza que ya le habíamos visto en La Celestina o en Madre Coraje.
P .– El maquiavélico Edmond, el hijo bastardo del conde de Gloucester, que se sirve de la «necia honradez» de quienes le rodean para llevar a cabo sus «intrigas», es de los que opina que todo le sirve si a buen fin le lleva...
R .– Es, prácticamente, una ‘precuela’ de Ricardo III. Es un trepa, un tipo que medra, como él mismo reconoce. Si Ricardo III elimina a cuantos tiene cerca para ocupar su espacio, incluidos sus hermanos, Edmond llega a provocar el fin de su padre. Es uno de los personajes más crueles de Shakespeare... Y lamentablemente muy actual.
P .– Andan en Atalaya de aniversarios, al cumplirse 10 años del Premio Nacional de Teatro y los 35 de su fundación. Se diría que gozan de una salud inquebrantable, contando siempre con el respaldo de crítica y público.
R .– Lo bueno es que en Atalaya se juntan cuatro generaciones: está Carmen, que fue cofundadora conmigo del grupo en los años ochenta, están Silvia Garzón (Goneril) y Joaquín Galán (Kent/Cornwall), que entraron en los noventa, y otros seis actores que entraron en estas dos últimas décadas. Hay sangre nueva que da nueva vida a una compañía que, además, conjuga la maestría de sus intérpretes más veteranos.
No hay que olvidar que son profesionales formados por los grandes maestros que han pasado por el Centro Internacional de Investigación Teatral TNT, que cumple diez años ahora y es fundamental para nosotros: en tiempos de crisis nos ha permitido traer grandes maestros y levantar espectáculos como Ricardo III, permitiéndonos un salto cualitativo en el acabado de los montajes. De Rey Lear hemos hecho hasta 130 ensayos.