La 'palpitación clásica' de Lobo
35 yesos, bronces y mármoles del artista se integran con la colección de obras clásicas que se exhiben en la Casa del Sol

En la imagen superior, bronce titulado ‘En la playa’. Ala izquierda, boceto en yeso que creó para presidir su tumba en Montparnasse.-ICAL
Entre centauros, afroditas y torsos griegos, emergen yesos, bronces y mármoles que Baltasar Lobo (1910- 1993) realizó en su parisino taller «de luz diáfana y lechosa» dejando evidencia de su «palpitación clásica».
Bajo el título Un moderno entre los antiguos, la Casa del Sol, una de las sedes del Museo de Escultura, reúne desde ayer y hasta el próximo 28 de octubre, un total de treinta y cinco esculturas procedentes de la colección que el artista donó al Ayuntamiento de Zamora. Piezas que, según destacó ayer la directora del Museo, María Bolaños, evidencian su conexión y su perfecto conocimiento del mundo clásico y su «soberbia ejecución sobre la talla directa», emulando la manera de trabajar de los grandes escultores medievales. Un método que requiere «cautela, fuerza física y delicadeza extrema».
Baltasar Lobo siempre profesó su admiración por la inteligencia y la pasión de la escultura griega. Dueño de un ojo primitivo y una mente moderna, sus manos fueron capaces de cincelar tanto la sinuosidad como la rotundidad, la frontalidad como la horizontalidad, lo fugaz como lo temporal, los volúmenes plenos como las anatomías incompletas, pero, siempre, contagiando su pasión por la belleza.
«Siempre he soñado en una escultura de mármol que sea como un vuelo, que se eleve sobre el suelo para brillar en medio de la luz, que nos haga olvidar la pesadez, la penalidad de la tierra». Estas palabras de Lobo resumen la filosofía de este artista más reconocido fuera de España que en su propia tierra, que consiguió, a pesar de todas las vicisitudes de su vida -tuvo que exiliarse a París en 1939- construir con sus manos un universo más liviano.
En Un moderno entre los antiguos, las esculturas de Lobo se codean con sus antepasadas milenarias propiciando la interconexión y estableciendo un diálogo entre unas y otras.
Salvo un boceto en yeso de un hombre reclinado en actitud pensativa que creó para presidir su tumba en el cementerio de Montparnasse, la mayoría de piezas que se presentan en esta exposición son mujeres y desnudos femeninos, su tema predilecto. Pero también aparecen esculturas que representan divinidades animalescas, faunos y centauros, por las que el artista siempre manifestó una compasiva simpatía.