Diario de Valladolid

SOLE GIMÉNEZ / CANTANTE Y COMPOSITORA

«Da miedo que el ‘#metoo’ se quede en una moda»

La que fuera líder de Presuntos Implicados revisa este sábado una parte de su cancionero, construido a lo largo de 30 años de carrera. Actuará en el Auditorio junto a la Big Band de la Orquesta Sinfónica

-EL MUNDO

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Publicado por
Julio Tovar
Valladolid

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La Big Band de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, con el trompeta solista Roberto Bodí al frente, arropa este sábado a la que fuera líder de Presuntos Implicados Soledad Giménez, con más de 30 años de carrera a sus espaldas desde que en 1985 lanzara Danzad, danzad malditos. Inquieta, comprometida y «transparente», como reconoce, en cuanto a sus referentes musicales –en 2004 debutó en solitario con un disco, Ojalá, que incluía versiones de What´s going on?, La vie en rose, Tears in heaven o La estatua del jardín botánico–, ‘redescubrirá’ su cancionero en la Sala Experimental del Centro Cultural ‘Miguel Delibes’ (20.00 horas).

Pregunta.– Usted, que ha explorado tantas sonoridades y ha abrazado un repertorio tan dispar, haciendo suyas canciones de Antonio Carlos Jobim, Marvin Gaye o Edith Piaf, qué busca al afrontar un proyecto.

Respuesta.– Sobre todo aprender y evolucionar. Cada proyecto, cada reto, es una escuela. Soy una persona inquieta y no me gusta repetirme, porque siempre hay miles de posibilidades para seguir y, mientras sigamos aquí, hay que aprovechar el tiempo probándolas.

P.– Hasta ha interpretado su repertorio junto a una Orquesta Sinfónica... ¿qué le queda por hacer?

R.– Cuando llevas más de 30 años en el candelero el reto más importante es permanecer, no quedarse obsoleto ni perderse en el mar que es la música de nuestro tiempo. Supone un gran esfuerzo.

P.– ¿En ese mar encuentra una orilla que le seduzca, que le llame la atención a estas alturas?

R.– Me interesa mucho la visión que tienen los más jóvenes de la música. Es verdad que cuando una tiene una edad, para que le sorprendan... eso es más difícil. Pero hay enfoques que traen frescura. Hay discursos muy interesantes. Me gustan mucho Rozalén, Vanesa Martín y los nuevos trovadores que, entre tanta rumbita, van colando cosas interesantes... Y me gusta gente como Nach, aunque no sea un principiante. Se están haciendo muchísimas cosas, aunque musicalmente desearía más variedad.

P.– Y a qué Sole Giménez se van a encontrar quienes vayan a escucharla junto a la Big Band de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León.

R.– Van a disfrutar de un repertorio muy bonito, con unos arreglos muy trabajados, con canciones que me acompañan desde hace mucho tiempo. Lo van a disfrutar porque, además, una Big Band siempre da un toque espectacular.

P.– En Rosas rojas canta aquello de que ‘el viento de la redención llora lento en esta canción’... ¿En estos tiempos llamados a alzar la voz contra la desigualdad, la cultura ha de jugar algún papel?

R.– Yo creo que sí. Como decía Penélope Cruz al recoger el César de Honor, si tenemos la oportunidad de que se nos oiga tenemos el deber de hacer llegar el mensaje, de reclamar justicia y, olvidándonos de nosotros mismos, hablar por aquellos que no pueden expresarse. Aunque eso signifique exponerse en un país como este. Los artistas, para bien o para mal, vivimos expuestos a la opinión de los demás constantemente, lo aceptamos.

P.– ¿Tiene esperanza de que se produzca un cambio? Porque diría que es fácil perderla cuando hasta hay quienes no respetan a la mujer en un ámbito tan delicado como el del voluntariado, el de las oenegés con las que usted colabora.

R.– Claro que sí, pero todo pasa por la educación y por que haya voluntad de formar en el respeto. Creo que se ha hecho a medias. Se ha avanzado, y la prueba es que hoy nos cuestionamos cosas que hace 30 años era impensable que se pusieran en duda. Tenemos mucho que hacer, pero también hemos conseguido mucho. Se puede cambiar, pero esto no puede ser una moda. Es lo que me da miedo del #MeToo, que se quede en eso. Por no hablar del peligro de las redes sociales: como decía Bardem, hace poco, una denuncia en internet no significa nada. Hay que ser cuidadosos, juiciosos y consecuentes. La verdad no puede ser una víctima. Yo siempre trato de involucrar en este discurso al hombre, que aparece como el malo de esta película cuando éstos son menos que los buenos. Pero ellos han de ser parte activa de este cambio.

P.– Usted, que grabó el disco Avanzadoras rodeada de voces de mujer, lanzó después Los hombres sensibles. ¿Hacía falta recordar que aún queda alguno bueno?

R.– (Risas) Parece ser que sí. Sigo con esa gira. Tenía esa intención. Mis compañeros son hombres sensibles que se exponen a los demás, lo que parece contrario a un tipo de cultura ‘masculina’. Necesitamos gente así. Son nuestros compañeros de viaje y les necesitamos para conseguir lo que queremos.

P.– Usted, que ha sido profesora de canto en la sede valenciana del Berklee College of Music, qué consejo le daría a los alumnos del Conservatorio de Valladolid.

R.– Que confíen siempre en sí mismos y sigan adelante. Han de trabajar mucho y muy duro, pero los sueños se tienen que perseguir, sin abandonar porque las cosas vayan mal. El éxito es relativo y nunca es fácil de conseguir: esto es una carrera de fondo.

Y les diría que salgan: aquí, en España, un médico con 30 años de carrera es un fuera de serie, alguien respetado por todos, pero en la música te miran como diciendo ‘tú qué haces aquí todavía’; es como que no tuviéramos el derecho a trabajar en lo nuestro al cumplir unos años. La música no es sólo de jóvenes. En ese sentido, por la falta de respeto a un bagaje, somos la excepción.

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