SONORAMA
Momento para la reflexión después de tocar el cielo
El director clama por un nuevo recinto que garantice la seguridad y comodidad del público, exige la implicación sin medias tintas de las administraciones y, agotado, confiesa haber vivido un sueño

El recinto ferial, que tiró de fuegos artificiales el sábado de madrugada, se queda pequeño para albergar un festival que ha crecido.-SONORAMA - RODRIGO MENA
El homenaje que El Trigo dedicó ayer a Supersubmarina con Sidonie, Izal, Shinova, Rufus T. Firefly, Delafé o La habitación roja en escena fue la guinda a un Sonorama Ribera 20 que ha tocado el cielo. El veinte aniversario ha sido una locura que ha desbordado a la organización tanto como la ha emocionado. De las quejas por las largas colas y atascos en la entrada y la salida a la piel de gallina en el concierto de cumpleaños con tantos artistas reunidos; de los lamentos por la masificación en el recinto ferial a los piropos por las sorpresas que han saltado a los distintos escenarios, la mítica actuación de Auserón y Sexy Sadie o la cálida ovación a Los Planetas, que soplaron las velas precedidos de fuegos artificiales.
Una montaña rusa que, tras los conciertos de esta noche en la zona de acampada, tendrá que parar y, casi sin tiempo para el merecido descanso del guerrero, discernir qué rumbo tomar.
Tras hablar de un balance muy positivo, «no puede ser de otro modo con todo lo que hemos vivido y con el mejor público del mundo», el director del Sonorama, Javier Ajenjo, urge una reflexión sobre el futuro del proyecto. «Estamos muy contentos. Esto se ha hecho mayor, se ha hecho grande definitivamente y tenemos que reflexionar mucho por todo lo que ha pasado. Tenemos una enorme responsabilidad que es cuidar el festival y nos enfrentamos a importantes retos de futuro», clama agotado y feliz.
Y el más acuciante es la imperiosa necesidad de disponer de más espacio. El recinto ferial se queda pequeño. Los 5.000 metros ganados este año a costa del parque de bomberos y de cerrar la calle adyacente son insuficientes. Y allí no hay por donde estirar. ¿Han echado el ojo a un nuevo emplazamiento? Ajenjo no quiere adelantar acontecimientos, pero sí se le escapa que en el Polígono existen muchas parcelas válidas a falta de una buena urbanización, «que se puede hacer poco a poco, con una inversión razonable, que no solo sirva para Sonorama».
«No podemos tener un festival de 25.000 personas hecho de retales como ocurre ahora. Para nosotros es terriblemente doloroso. Tenemos unas limitaciones brutales. Esto tiene que cambiar», expone al tiempo que pide el compromiso sin medias tintas del Ayuntamiento en pleno, equipo de Gobierno y oposición, sin distinción de colores.
«Queremos a todos los partidos de Aranda implicados y que de una vez la Junta de Castilla y León se dé cuenta de lo que tiene con el único fin de que el festival sea sostenible y se pueda celebrar», enfatiza y calcula en 15 millones de euros el impacto económico y mediático de esta edición. «¡Quién nos iba a decir esto!», suelta.
El ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, se sumaba ayer a la euforia sonorámica con un tuit en el que felicitaba al encuentro por ser «una referencia cultural, exponente del gran momento de la música en directo en España».
¿Ha llegado la hora de tocar a puertas de más rango? «Este festival, como otros, que no somos tantos en España, necesitamos también el apoyo del Gobierno porque ahora mismo somos motores económicos del país. Algunos atraen mucho turismo internacional y en nuestro caso acercamos a una tierra como Castilla y León a 25.000 personas. Esto es un milagro», responde convencido de que si Aranda tuviera playa habría tenido 100.000 asistentes.
La capital ribereña no tiene mar pero sí buen vino, buen lechazo y buena gente. Y los momentos vividos en el pueblo siguen ilusionando a Javier Ajenjo.
«Estamos encantados. La respuesta de los arandinos ha sido absolutamente increíble. Nos tienen emocionados por cómo cuidan a la gente que viene», señala y reitera que para que el programa de día siga abonado al éxito es necesario que la maquinaria del recinto también funcione.
La plaza del Trigo hace años que es lugar de peregrinación para los fieles sonorámicos y, aunque aún no tiene rival, sí despuntan nuevas zonas como el parque de la Isla o el barrio de Santa Catalina, donde Second lio una de las buenas el sábado ante más de 4.000 personas. «Nos emociona que este barrio -que ya acogió pequeñas actuaciones- haya sentido como suyo el festival», destaca.
Llama la atención igualmente sobre el éxito del programa infantil. El Sonorama se quiere garantizar al público del futuro y va por buen camino. «Ver pagar a los niños un euro por su pulsera y poniendo en valor la cultura es un reto conseguido», indica consciente de los errores que se producen en todas las primeras veces. Habrá tiempo de mejorar porque el ánimo es que esta propuesta menuda continúe.
De momento, no se puede garantizar nada. Solo que por primera vez en mucho tiempo mañana no saldrán a la venta los primeros abonos de la próxima edición. Ajenjo insiste en esa urgente reflexión. «Es difícil cuando algo quiere crecer no dejar que lo haga. Hay que saber cómo lograrlo y vamos a intentarlo», insiste el director del Sonorama que espera poder sumar más fotos como las que la noche del sábado al domingo se proyectaron en el escenario principal y que emocionaron hasta la lágrima a algunos de los miembros de la Asociación Art de Troya, artífice de esta cita estival, que seguirán haciendo honor a su nombre.