Diario de Valladolid

exposición ‘el trazo y las letras’, hasta el 25 de junio

El MPH retrata la pasión de Picasso por la literatura

Se cumple el centenario de la primera monografía dedicada al malagueño, publicada en Rusia

En la pared, retratos en lápiz sobre papel de Max Jakob y León Tolstoi, realizados en los años cincuenta.-ICAL

En la pared, retratos en lápiz sobre papel de Max Jakob y León Tolstoi, realizados en los años cincuenta.-ICAL

Publicado por
Julio Tovar
Valladolid

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Si hace unos días se mostraba en la Fundación Picasso Museo Casa Natal parte de los fondos de la Colección Arte Contemporáneo, que sigue haciendo kilómetros y exhibiéndose fuera de Valladolid, el Museo Patio Herreriano abría ayer sus puertas a parte de los tesoros del espacio malagueño con la muestra Picasso. El trazo y las letras, con la que se pone de manifiesto la pasión por la literatura del genio, que llegó a definirse como un «pintor viejo y un poeta recién nacido».

«Se cumplen 100 años de la primera monografía publicada dedicada a Picasso, escrita en Rusia por Iván Aksiónov», recordó la concejala de Cultura, Ana Redondo, que celebró el entendimiento alcanzado con los responsables del espacio malagueño. «Puede surgir algo ambicioso de ese eje», aventuró.

Esa publicación rusa, Picasso y alrededores, se exhibe en el MPH. Un motivo sobre el que articular una exposición que además de recopilar publicaciones dedicadas al autor del Guernica muestra una cara íntima del genio, en palabras del poeta, editor, biógrafo de Picasso y comisario de la muestra Rafael Inglada, junto a Dolores Durán. «Su interés por la literatura comenzó ya en La Coruña, entre 1891 y 1895», afirmó el director del departamento de publicaciones de la Fundación.

En El trazo y las letras se puede ver desde dibujos a lápiz de su hermana Lola o de su compañera Jacqueline inmersas en plena lectura, a escenas del Quijote llevadas por el artista a una bacía de barbero de cerámica. Incluye sus trabajos para distintas publicaciones, como una Metamorfosis de Ovidio para el editor sueco Albert Skira. «Los editores tenían interés por hacer obras de arte», subrayó Inglada.

El comisario destacó la presencia de volúmenes como Trozo de piel o El entierro del Conde de Orgaz en los que Picasso, pluma en mano, expresa la «nostalgia» por la «patria perdida».

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