TEATRO CARRIÓN LEÓN BENAVENTE PRESENTA LOS TEMAS DE ‘2’ EL PRÓXIMO 10 DE FEBRERO

Abraham Boba: "Queremos canciones que pervivan"

Despliega su repertorio ácido, crónica del desencanto, con alusiones a las ‘black’ y a la emigración

Los miembros de León Benavente César Verdú, Abraham Boba, Luis Rodríguez y Eduardo Baos.-EL MUNDO

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Julio Tovar
Valladolid

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«Ya no hay luz, ya no hay dinero / sólo queda el desencanto» (Las ruinas), cantaba el grupo en el disco homónimo con el que se dio a conocer. Corría 2012 y, con canciones como Las hienas o Ánimo, valiente, León Benavente ponía las bases de lo que hoy parece la banda sonora de este presente en crisis, desarrollada en 2016 con un segundo disco, 2, que la banda capitaneada por Abraham Boba presenta este viernes en el Teatro Carrión de Valladolid, a partir de las 21.30 horas.

«Lo que siempre hemos querido, desde que empezó el proyecto de León Benavente, es hablar de lo que tenemos alrededor, de lo que pasa cada día, del contexto en el que vivimos», defiende el cantante en declaraciones a este diario.

En 2 se percibe, si quiera de soslayo, la rabia que generan en el ciudadano crítico las tarjetas black (Tipo D), la frustración del que asume que el hombre destruye todo lo que toca (Nuevas tierras), o la desesperación del emigrante contemplada desde lejos con cierta indiferencia (La ribera). «Tengo la cara que me merezco / Tengo el país que me merezco», cantan en Gloria, desnudando las miserias del autocomplaciente.

«Siempre nos ha gustado acercarnos a las canciones de tal manera que no se queden ancladas en un momento y lugar concretos, como jugando a un doble juego, haciendo que puedan pervivir en el tiempo. Pero está claro que en estos temas se cuestionan muchas de las cosas que nos hacen pensar», reconoce Abraham Boba, que estará acompañado sobre el escenario por César Verdú (batería y percusiones), Luis Rodríguez (guitarra eléctrica) y Eduardo Baos (bajo y sintetizador).

Una visión

León Benavente –quizá la única banda capaz de hablar de procrastinar en una canción, como en La vida errando– tira de sarcasmo y cinismo para hilar sus relatos. Y aunque cantan eso de «Somos gente necesaria / y no nos vamos a marchar» (Aún no ha salido el sol), no es que asuman –o sí– el papel del canario en la mina de carbón. «No es que reneguemos de nada. Creo que nos posicionamos en la medida en que debemos hacerlo. Ya sólo por el mero hecho de enfocar ciertos temas, y sin entender que lo nuestro sea canción política, ya hay una visión concreta. El uso de la ironía es una herramienta», sostiene Boba, que cita la influencia de Randy Newman o de Serge Gainsbourg como el posible origen de ese tono, marca de la casa.

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Como también es seña de identidad del grupo la manera de transmitir sus historias, a veces recitadas, casi declaradas. «En este disco es verdad que se fuerza la máquina, llegando a veces a un fraseo más cercano al hip hop, al que nunca pensamos que nos íbamos a acercar», concede Abraham Boba, que analiza la riqueza sonora –a veces, con ecos litúrgicos; otras, de los Clash– del disco. «Le damos mucha importancia a la música. Sin hacer discos conceptuales, intentamos trabajar todo lo posible un conjunto, dando lo necesario a las canciones, que no tengan de más ni de menos. Buscamos un equilibrio. Aunque las canciones tengan energía y potencia, no hay demasiados estorbos que dificulten prestar atención a lo que se está contando».