ENTREVISTA A ARTURO QUEREJETA
«Cuando se llega al poder se perpetúa la indignidad»
En 1977 se subió a las tablas, donde suma más de 70 montajes. En ellos ha interpretado a grandes personajes, sobre todo clásicos. Bajo la dirección de Eduardo Vasco, presenta ‘Ricardo III’ en el XI Festival de Teatro Clásico de Olmedo

-EL MUNDO
Arturo Querejeta interpreta a Ricardo III en una obra shakesperiana versionada por Yolanda Pallín y dirigida por Eduardo Vasco. El XI Festival de Teatro Clásico de Olmedo acoge mañana esta representación que gira en torno a la siguiente controversia: «¿A qué estarías dispuesto por alcanzar el poder?». Así resume el concepto global de la obra el veterano actor, que hace poco recibió el premio a Mejor Interpretación Masculina por El mercader de Venecia.
Pregunta.– ¿Qué caracteriza esta nueva versión de Yolanda Pallín?
Respuesta.– Yolanda despoja el texto de la retórica de aquellos tiempos y va directamente a la acción sin perder el privilegio de la palabra de Shakespeare.
P.– ¿Podría calificar la obra con una palabra?
R.– Más bien con un concepto: ¿A qué estarías dispuesto por alcanzar el poder? Ese es el resumen fundamental de Ricardo III. Y con un colorario respecto a ese tema y que se fundamenta en que el poder corrompe. Cuando las personas que defienden los grandes ideales llegan al poder se corrompen. Cuando se llega al poder se perpetúa la indignidad. Eso es lo que encierra el texto de Shakespeare.
P.– Usted dijo que «el actor debe defender las razones que han construido a sus personaje, independientemente de que esté de acuerdo o no con él». ¿Cómo defiende a Ricardo III?
R.– Buscando ser infame (risas). Alguien tiene que hacer de Hitler, y hay que defender a los personajes en el sentido de intentar entender qué hay detrás de la maldad. Tenemos que mostrar lo más claramente posible al personaje, esa es nuestra labor.
P.– ¿Comparte la posibilidad de establecer un paralelismo entre la España actual y la Inglaterra en la que se enmarca la obra, dada "esa lucha por el poder" en la que parece que todo vale?
R.– Seguramente no suenan preguntas como estas, y son cosas como: Nos gobiernan los más preparados, los mejores. ¿Cuál es la responsabilidad de los ciudadanos en la elección de estos individuos? Esta es una de las claves que encierra el texto de Shakespeare, y yo creo que concuerda perfectamente con todo lo que está pasando en este país, y lo ha pasado en otros países a lo largo de siglos.
P.– Ha dicho: «Si es verdad que la vida es un teatro, me gustaría que el apuntador hablara más alto». Profesionalmente, ¿se arrepiente de haber o de no haber hecho algo?
R.– En el teatro ensayamos, la vida no se ensaya. Vamos enfrentándonos a las cosas según van pasando y a veces cometemos muchos errores. Profesionalmente, siempre queda algo por hacer, algún personaje que te gustaría haber hecho y que ya no podrás hacer porque la edad va pasando, o porque has hecho una serie de trabajos que no se adecuan a determinado tipo de textos. Esta profesión te da muchísimas sorpresas, y yo espero que me las siga dando.
P.– ¿Algún personaje con el que se haya quedado con ganas de representar?
R.– Hay muchos, desde Chéjov, Miller, Tennessee Williams, Pirandello... Siempre hay algún gran texto por ahí que espero me llame y me diga: estoy aquí.
P.– Ha trabajado con Eduardo Vasco en varias obras, ¿qué es lo que les une?
R.– Hay gente que piensa que somos pareja de hecho (risas). Eduardo y yo coincidimos fundamentalmente en la manera de ver el teatro, donde la dirección vaya fundamentalmente a hacer entender al público lo que está sucediendo, despojado de toda la parafernalia. El texto, la acción, la palabra y el actor, y Eduardo privilegia muchísimo al actor, te da todas las armas posibles y te deja enfrentándote al público directamente. A mí siempre me ha encantado su capacidad de tiralíneas a la hora de abordar los montajes. Y por el lado personal, con una mirada nos entendemos. Es una relación muy fructífera y de bastantes años
P.– ¿Tiene pensado pasarse al lado del director algún día?
R.– Cuando sea mayor, aún tengo 59 años (risas). Siempre tienes el gusanillo, pero de momento sigo sintiéndome muy bien saliendo al escenario.