El MPH evoca la renovación de la ilustración en España

Reúne 114 obras de 11 artistas como Miguel Ángel Pacheco, José Ramón Sánchez y Luis de Horna

Dos mujeres contemplan varias de las ilustraciones del salmantino Luis de Horna.-MIRIAM CHACÓN / ICAL

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Julio Tovar
Valladolid

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«Sería un error que se viera como una exposición de dibujantes para niños», advirtió ayer en el Museo Patio Herreriano de Valladolid Felipe Hernández Cava. El comisario de Cambio de luces. La ilustración española en los setenta era consciente, probablemente, del impacto que tendrá en aquellos que fueron niños en los años setenta y ochenta del pasado siglo contemplar las 114 obras de los 11 artistas que desde ayer se exhiben en la Sala 1 del MPH.

Lo explicó uno de los creadores, el salmantino Luis de Horna: «La mejor ilustración es la que no se hace, pues frustra la imaginación del niño, le condiciona». Y los niños de aquellas generaciones crecieron, y moldearon su imaginario, leyendo cuentos ilustrados por José Ramón Sánchez (Soy un pez), Fina Rifà (Notxa), Pilarín Bayés (Cinco médicos para la historia), Asun Bazola (La niña sin nombre), Manuel Boix (Yo soy el fuego), Miguel Calatayud (Soy el aire), Miguel Ángel Pacheco (El último lobo y Caperucita), Karin Schubert (El pueblo que se quedó sin niños), Carme Solé Vendrell (A casa dels avis), Ulises Wensell (La visita de la primavera) o el citado De Horna (Llámame amigo).

Todos están presentes en esta muestra que se nutre de los fondos (más de 200.000 ejemplares) del Museo ABC. «La muestra surge del deseo de los propios creadores que sucedieron a estos artistas de revisar la historia de la ilustración en España, una gran olvidada», advirtió Inmaculada Corcho, directora del espacio.

«Tal vez no fueran los 11 mejores ilustradores de su época, pero sí fueron los que marcaron el cambio», advirtió Hernández Cava. «Esta generación modificó el ámbito del dibujo en España», reivindicó el comisario, que aplaudió el compromiso de aquellos con su oficio. «En un mundo no tan globalizado, más heterogéneo, ellos tenían la inquietud común de cambiar sensibilidades», matizó el responsable.

No sólo cambiaron los cánones estéticos, sino que avanzaron hacia la modernización de la profesión, como recordó el comisario, logrando, por ejemplo, que los editores no se quedaran con los originales de sus obras, alterando incluso las historias tradicionales que consolidaban estereotipos, introduciendo mensajes feministas y de tolerancia a la diversidad –Pacheco (¿se acuerdan de los electroduendes, él los diseñó?) lanzó con Altea, como escritor, más de 80 títulos junto al cineasta salmantino José Luis García Sánchez–. «Hubo tal cambio de paradigma que hasta José Ramón Sánchez ilustró la cartelería del PSOE en las elecciones de 1977, acabando con los retratos tradicionales», detalló Hernández Cava.

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De Horna, que tuvo un recuerdo para Paz Altés –su familia era responsable de la Editorial Miñón– celebró tener, al menos, el reconocimiento de los artistas que siguieron el camino que ellos recorrieron.