Diario de Valladolid

El Museo Diocesano de Zamora rinde homenaje póstumo al artista Alfonso Bartolomé

La muestra temporal recoge lienzos y bocetos de vidrieras y mosaicos con temática religiosa del pintor palentino afincado en Zamora

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ICAL

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El Museo Diocesano de Zamora inauguró su séptima exposición temporal y primera dedicada a un artista contemporáneo, en este caso, a la obra religiosa del artista de origen palentino y muy vinculado a tierras zamoranas, Alfonso Bartolomé, quien falleció el año pasado.

La muestra, que incluye obras de la primera época del artista, realizadas en la década de 1970, puede visitarse en la iglesia de Santo Tomé hasta el próximo mes de julio, respondiendo al carácter semestral de las exposiciones temporales del Museo Diocesano de Zamora, recoge lienzos de temática religiosa, algunos de ellos, sin terminar, así como bocetos de vidrieras de hormigón armado y de mosaicos murales.

“Es una exposición especial. No habíamos hecho hasta ahora ninguna dedicada a un artista zamorano y lo hacemos con este carácter póstumo”, explicó durante la inauguración el delegado diocesano para el Patrimonio, José Ángel Rivera. “No están aquí todos los cuadros que pintó con temática religiosa pero sí son de temática religiosa todos los que están aquí y no podía ser menos en un Museo Diocesano como es este", rubricó.

Además de su producción artística, Alfonso Bartolomé (1941, Palencia-2015, Zamora) desarrolló una intensa labor docente en la Escuela de Artes y Oficios de Salamanca y en la de Zamora, en la Escuela de Magisterio de Zamora, fue el primer director de la Escuela de Arte y Superior de Diseño y también impartió clases en el Instituto Claudio Moyano de la capital zamorana, donde el propio De las Heras fue su alumno.

“Su labor docente estuvo acompañada por su dedicación a las artes plásticas en varias facetas. La escultura es la menos conocida; la pintura de caballete, la pintura mural, las vidrieras  como las de las Benedictinas y San Frontis, y los mosaicos, en Santa María del Carmen de Renueva de Benavente y la iglesia de San Benito”, enumeró José Ángel Rivera.

“La temática abarcó naturalezas muertas, bodegones, paisajes urbanos y rurales, casas y elementos artesanales a punto de desaparecer aunque, en los últimos años, se dedicó a reproducir en su pintura algunas figuras muy interesantes para nosotros, los zamoranos, y en las cuales nos recocemos”, anotó, en alusión al Cristo del Amparo, la procesión de las Capas, el Cristo de Valderrey, el Cristo del Espíritu Santo y el Cristo de Morales, entre otros.

El delegado diocesano de Patrimonio, quien fue amigo personal del pintor, destacó el color “vitalista, vibrante y contrastado” de la obra de Bartolomé, con utilización profusa de violáceos y naranjas, así como pigmentación “muy pastosa y casi matérica”, que aplicó a los cuadros “con espátula, con pinceles y también con los dedos”.

Igualmente, incidió en las formas “geométricas, volumétricas y muy sumarias” que, sumadas a sus demás características, convirtieron a Alfonso Bartolomé en “exponente de una pintura que compone un universo propio, que se distingue e identifica muy bien”.

El acto de inauguración de la muestra, que incluye obras prestadas por la familia de Alfonso Bartolomé y por coleccionistas particulares, contó con la presencia de numerosos familiares y amigos del artista, entre ellos, su viuda, Manuela Regalado, y su hija, Alba. “Espero que disfruten la exposición y que hagan memoria agradecida a este hombre bueno, bonachón, que fue amigo de muchos de los que estamos aquí”, concluyó Rivera de las Heras.

 

 

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